martes, 15 de octubre de 2013

Andrea en el parque

Los días lluvioso eran los más agradables para Andrea, aunque no podía salir a jugar con sus amigos, sentía algo que toda persona siente al crecer: valorar los mínimos momentos. Allí estaba pegada a la ventana viendo como llovía, dibujando en el vidrio empañado y diseñando caras para la gente que pasaba. De pronto tocan la puerta, ella se oculta en la cocina y asoma para ver a quien le abre su madre. Para sorpresa de ambas era su abuelo, siempre se lo veía sonriendo, pero hoy no lo estaba. Para Andrea, Pedro era como su padre, pero por primera vez lo vio como era, su abuelo. Encorvado, con una mirada triste, desarreglado y con ganas de irse a cualquier parte.

Carolina, su madre, le pide que se vaya a jugar al parque porque había dejado de llover (excusa ideal para hablar con su padre). Ella acepta de mala gana porque prefería quedarse jugando en la computadora y de paso captar parte de la conversación. El día se despejaba, algunos niños salían a jugar a pesar de que el césped no se hubiera secado del todo, pero el repentino Sol invitaba a salir. Andrea estaba aburrida en la hamaca, torcía y destorcía las cadenas para dar vueltas en círculos y trataba de no pisar el charco que se encontraba debajo de ella. A lo lejos se ve una cara conocida que viene, era el abuelo. La recoge y le dice:

-¿Qué haces hermosa?
-Nada...acá...aburrida.
-Vos sabes que cuando era chico, cada vez que paraba de llover me encantaba venir a jugar al parque. Incluso de vez en cuando vengo para divertirme con mis amigos.
-¿Jugar? Pero abuelo, vos sólo venís a sentarte en el banco, hasta a veces te veo desde casa.
-Es verdad. Pero cuando uno es viejo (señalando sus anteojos) uno juega recordando y a veces ese recuerdo uno lo ve y vive, solamente cuando deja de llover.

Andrea no entendió del todo lo que le había dicho Pedro, pero se encontraba en una etapa en que poco le importaba lo que se hablaba. Escuchaba, sacaba sus conclusiones y se las guardaba. Pasaron varias semanas y el abuelo no volvió a aparecer. Al preguntar por él Carolina sonreía, pero era una sonrisa diseñada para ocultar la tristeza que trataba superar.

Otra tarde lluviosa Carolina le pide a su hija que la ayudara en el aseo de la casa mientras ella preparaba la merienda. Ella aceptó y emprendió manos a la obra, tendió la cama, pasó la escoba y le faltaba sacarle brillo a los muebles. En un instante por accidente abre una cómoda y encuentra los anteojos del abuelo, por un momento pensó decirle a su madre, pero sabía que no le gustaba que le toquen sus cosas, así que se los escondió en su bolsillo.

Durante la merienda dejó de llover y su madre aprovechó para hacer los mandados, Andrea se quedó en su casa jugando en la compu. Desde la ventana de su habitación podía observar el parque, había un par de niños jugando a ser vaqueros, decidió ir porque se había aburrido de estar en casa. Cruzó la calle y paseó un rato, algo tímida al ver a los chicos. Trataba de ocultar sus manos metiéndolas en sus bolsillos y siente algo, eran los anteojos. Los saca, los estudia, los limpia y se los pone. De pronto todo se transforma en color sepia y un chico pasa saludándola: "Hola!" Se los saca y devuelve el saludo, pero no había nadie, las cosas habían retornado a su color natural y los disparos se escuchaban de fondo. Se los vuelve a poner y el color sepia vuelve, ahora es una nena quien la saluda: "Hola. ¿Cómo estás? Mira a su alrededor y ve el día soleado, los juegos del parque que lucen nuevos y muchos chicos disfrutándolos.

De repente un niño se le acerca y le dice:
-Hola. Me llamo Pedro. ¿Querés jugar a la mancha?

lunes, 2 de septiembre de 2013

1 y 2 de Septiembre

Damasco, 27 de Junio de 2022: El calor es agobiante y los experimentos registran normalidad en el  suelo.

Nada del otro mundo, los componentes del suelo son los mismos que en Jersulalén, aquí en Damasco y en otros lugares de Arabia. He hablado con otros colegas y no hemos encontrado un factor que determine el por qué las cosechas no producen. Ni siquiera germinan. Tenemos la suficiente tecnología para cultivar en cualquier lugar del mundo, ya hemos acabado con la hambruna pero aquí en Arabia no responde el mismo efecto que en América o Europa. Ayer me llegó un mensaje de que en África está ocurriendo lo mismo. ¿La Tierra está cambiando y nosotros no lo notamos? ¿Nos creímos con el poder de los dioses cuando no lo tenemos?

Jihad estaba cansado, el calor era insoportable y el hotel en que estaba no le daba la calma que necesitaba para seguir estudiando sus hipótesis. De unos 31 años, alto, tranquilo, curioso y pacífico (todo lo contrario al significado de su nombre). Egresó en la Universidad del Cairo, en un principio quiso estudiar arqueología pero luego decidió edafología por influencia de un amigo y un proyecto de semillas alteradas que podían producir alimento sano sin ninguna dependencia climática.

Ahora estaba en un reto. Hace 2 años se habían escuchado rumores de que en varios lugares del mundo el método no funcionaba, era imposible, incluso en los glaciares se pudo cultivar granos y cereales. Al principio se envío semillas de alta calidad genética para que dieran efecto, pero los resultados fueron los mismos. La población del lugar afectado empezó a emigrar a países vecinos, pero se originaron varios conflictos religiosos entre musulmanes y judíos, algunas revueltas y por último el acato de la O.N.U de que los originarios del país se queden en su país. Que sean rehenes en su propia tierra. Esperando que los resultados sean positivos, al principio fueron aprendices a estudiar el terreno, luego Jihad, al ver que no surgía una solución, decidió estudiar por sí mismo el desafío.

Damasco, 28 de Junio de 2022: El pueblo vuelve a sus raíces.

Hoy decidí tomarme el día, conocer la cultura local y aislarme del problema por un tiempo. El calor sigue agobiante y decidí tomar un Kesehk, es refrescante y adecuado para estos días. Al mediodía almorcé una comida que me recomendó un amigo que ya había visitado Damasco, Ruz Dyay, una especie de arroz con pollo, aceptable, pero extraño la comida de mi natal Egipto. Luego, hacia la noche pude ver mucha gente pidiéndole a Alá que bendiga las cosechas o que les de maná como en épocas bíblicas. No soy un hombre de fé, pero asistí a algunas de sus ceremonias para conocer la cultura local. Lo último que puede perder un hombre es la esperanza en lo que cree, me pregunté  cuál sería mi última esperezanza al no ser creyente. Con ese pensamiento me dormí.

Pasaron varios meses sin noticia ni cambio alguno, la situación social era muy tensa. El Gobierno sirio amenazaba con hacer cualquier cosa que tenga a su disposición para alimentar su pueblo, justificando que era una misión de Alá. Israel haría lo mismo en nombre de Jehová, mismo Dios, distinto nombre y una diferencia cultural que la sociedad sigue sufriendo. Las autoridades se impacientaban y acusaban a Jihad de ocultar información y favorecer a Occidente.

Jerusalen, 11 de Noviembre de 2022: No hay conclusión.

Ahora escribo desde la capital israelí, tuve que huir de Siria luego de tantas amenazas en mi contra, de atentar con mis investigaciones, interrogatorios y castigos  fueron algunas razones. Piensan que solamente beneficio a Occidente. Estoy a salvo, por el momento, tengo que obtener una decisión inmediata sino tendré que volar a Zurich en busca de seguridad junto a mis colegas. Recibí una carta anónima, el papel era amarillento, viejo y la tinta no provenía de una lapicera, era de una pluma. Por un momento pensé que era un chiste de la policía local, pero ahora no tengo esperanza, es lo único a lo que me puedo aferrar. Solamente había un dibujo de una ruta de peregrinaje, comienzo a pensar de que si la ciencia me defendería en estos momentos ¿Hay lógica en lo que hago? ¿Me perderé en el desierto y moriré sin saber lo que preciso?

Un cuerpo casi desconocido fue encontrado en el desierto, entre sus pertenencias se encontró una carta y se supo que el hombre se llamaba Jihad, un edafólogo del Cairo.

Lugar desconocido, 23 de Noviembre de 2022: El factor que faltaba

Seguí la ruta como decía la carta, sin ningún artefacto tecnológico, caminar hasta adentrarme en el desierto y perderme en una tormenta de arena hasta encontrar una cueva con simbolismos. Logré llegar, los símbolos eran conocidos y desconocidos, algunos eran etruscos, otros mayas, egipcios, lo poco que recuerdo de mis libros de arqueología. Al final del lugar había una anciana, su cara era avejentada, pero se la veía saludable, puedo asegurar que mejor que yo. Me invita a sentarme en una roca para conversar:
-Puedo asegurar que eres egipcio por tus rasgos faciales, de cualquier modo habla y hablaré tu idioma para platicar.
-Soy egipcio, me llamo Jihad.
-Ahhh, el mundo podrá haber cambiado mucho, pero no sus habitantes.
-Disculpe señora: ¿Quién es usted?
-Soy solo una anciana con ganas de hablar.
-¿Usted me envió el mapa?
-El conocimiento llega cuando uno lo desea y es consciente de aceptarlo cuando se le presenta en la puerta.
-Entonces tiene la respuesta a mi problema.
-No sé cuál es tu problema. Pero como te dije anteriormente, el mundo puede cambiar pero no la gente, y la gente afecta al mundo por medio de sus sentimientos. Los problemas, por más distintos que sean se originan de la misma raíz.
-¿La codicia?
-Ahhh, que palabra curiosa para decir en estas tierras. El hombre y su codicia han transformado estos lugares desde las Cruzadas.
-Pero eso pasó hace siglos, el problema es que las semillas no surgen efecto y la tierra no produce nada.
-¿La Tierra? ¿Qué culpa tiene?
-No es la Tierra en general, son estos lugares, Damasco, Jerusalen y ahora parte de África. Gracias a nuestra tecnología podemos cultivar en cualquier lugar, menos en esos.
-Recuerda, el mundo puede cambiar en muchas cosas pero no en su funcionamiento, soy una persona muy anciana y doy prueba de ello. La muerte sigue siendo la misma, la naturaleza sigue siendo naturaleza y los cultivos siguen siendo los mismos. En vez de pensar en por qué la tierra no produce, debes pensar en por qué el hombre no produce y deja de cosechar malas semillas.
-¿Malas semillas?
-Durante siglos, estos lugares eran productivos, comíamos de lo que producíamos y vivíamos en armonía. Luego vino un hombre de otras tierras lejanas, nunca olvidaré sus ojos color cielo, quiso nuestras cosechas y artefactos de valor. Luego vinieron más hombres con más ambiciones que no podíamos satisfacerles, y empezaron las matanzas y muertes. El Hombre cultivó codicia, una semilla letal para el que la produce y come de ella. Deja la tierra sin fruto y estéril. Lo único que puede ser regado para que la codicia germine es la sangre de gente inocente.

Por fin pude entender que el problema no era científico, el problema era el error que tuvimos como humanos. Las Cruzadas, la Primavera Árabe de hace algunos años y tantas guerras que han azotado Arabia y África no solamente causaron un efecto en la sociedad, sino que ahora en la naturaleza.

La anciana seguía estando allí, agarraba la arena y veía como se desvanecía en sus manos avejentadas, la miro y le contesto:
-Ahora ya entiendo el factor que me faltaba. ¿Por qué no se me ocurrió antes?
-A veces el hombre en su afán de solucionar todos los problemas del mundo, no ve que él mismo es el problema, no solamente por lo que hace, sino por lo que han hecho sus vidas pasadas.
-¿Se puede revertir esta situación?
-No lo sé, no tengo conocimiento de estas cosas, aparte ahora no te puedes ir, la noche en el desierto trata mal a los que se aventuran por primera vez en ella.

En un parpadeo la anciana se había desvanecido igual que la arena con que jugaba. No puedo dar fe de que esta conversación fue real o no porque ahora no sé en que creer. Pero era lo que necesitaba,
 escuchar, después de todo eso es la religión.

Jihad.

Nicolas Pratto.

martes, 20 de agosto de 2013

18 de Agosto

Tenía sus ojos cerrados, no sabía la hora pero sentía frío, un frío infantil que le recordaba a la inocencia. Finalmente los abre y no ve su habitación, está en otro lugar, todavía adormecida se dirige hacia la ventana y ve que en el patio está nevando. "¿Nieva en Mar del Plata? No puede ser." El paisaje no concordaba, entonces había vuelto, era ella en otro lugar, un lugar que soñaba. "Si, que soñaba. Entonces no lo es." Despierta.

Ahora todo encajaba, su techo era el mismo techo de la noche anterior y desde la noche que llegó desde Bariloche. Se durmió teniendo 15 y se despierta teniendo 16, no siente el cambio, se sigue sintiendo cansada, cansada y sin ganas de hablar. Ahora piensa en las muecas de compromiso que tiene que hacer en su cumpleaños: "Gracias, me gustó, muy rico, etcétera." No es desagradecida, solo no podía dibujar una cara que no conocía. Todavía nadie en la casa la había saludado, seguramente la gente de las redes sociales ya lo habrán hecho, gente que no te conoce te felicita cuando ningún miembro de tu familia aún no lo ha hecho.

Se levanta en silencio para no despertar a su hermana, asoma su cabeza hacia la habitación de sus padres, todavía estaban dormidos, "Bien", piensa, le gusta estar sola y en especial este día. Pone la pava para servirse un café, mientras esto se realiza, trata de encontrar un pensamiento matutino a lo que sentía entre las migas de pan y la mermelada.

Fin.

viernes, 16 de agosto de 2013

Viernes 16 de Agosto

La tinta estaba fresca, se notaba por las manchas que tenía en sus manos, aún se podía retractar y dejar todo atrás, pero su decisión era firme. ¿Depresión? ¿Una vida injusta? ¿Un deseo infantil reprimido? No, simplemente estaba cansada, en la carta no decía de qué, no le gustaba hablar de ella. 

Se subió a una silla de madera, colgó una soga y se la ajustó al cuello, una idea dudosa acerca de lo que hacía se le cruzó por la mente pero terminó en un suspiro y en un cerrar ojos. Finalmente se dejó caer, pateo la silla y quedó colgada, su cuerpo se estaba retractando, ya había pensado en los pocos segundos que sufriría, pero después de todo eran solo segundos. Su cuerpo dejó el esfuerzo en vano que hacía, había perdido en la batalla entre la mente y el ser.

Por más de que la tinta en esa carta siguiera estando fresca, su pensar era firme, seco, simplemente descansar.

Fin.

Nicolas Pratto.

jueves, 1 de agosto de 2013

Jueves 1 de Agosto

Era un Jueves de invierno, muy parecido a este, hacía un poco más de frío, pero la llovizna era una actriz secundaria en la noche que salpicaba a los que estuvieran en la calle. La protagonista era Rocío de 28 años, estaba en su casa de la calle San Juan. Mirada frente al espejo, pensamientos en el más allá. No le gustaba lo que veía, su novio era golpeador, no tomaba y eso era peor, porque lo hacía concienzudamente y no bajo los efectos del alcohol y las drogas. Las marcas eran un testigo obvio, pero ya hace varias semanas que dejo de usar remeras manga corta, le deba vergüenza admitir su error, de que pese a las advertencias hubiera confiado en esa persona, "no es una persona (piensa), es una basura."

Pero hoy Jueves el espejo le devolvía lo que tanto ignoraba, sufría y aguantaba. Pensaba en cómo había llegado a eso, pero pronto se dio cuenta de que el pasado no iba a cambiar el presente, luego de dos copas de vino tinto se dispuso a pensar en el mañana, en la golpiza de mañana. "¿Denunciar? No." Hace cuatro meses una conocida suya que sufría la misma condición realizó la denuncia, ahora el se quedó con los chicos y la casa, mientras que ella vive con su madre y encuentra laburo.

La llovizna se retiraba como un extra de la escena, había conseguido un mejor papel a un par de cuadras. La ventana que daba a la calle se aclaró un poco, el frío continuaba pero soportable. Eran las 23:26hs, Rocío se puso su remera manga corto, se tocó los moretones que tenía, le daba impresión mientras lo hacía. Agarró su mochila y un sobre con plata de sus ahorros. Se tomó el colectivo que pasaba y media, mientras veía su casa desvanecerse por último, notó como también lo hacían sus heridas.

Fin,

sábado, 29 de junio de 2013

La Pregunta

Todas las mañanas amanece una pregunta en nuestros pensamientos, revolotea, nos acaricia, nos invita a tomar un café y a conversar. Pero esa mañana la pregunta de Carlos era un invitado que ignoraba y que no quería atender:

-¿Qué decís Carlos? Por fin me atendés, ¿ya pensaste mi respuesta? La que dice tu hijo todas las noches y que vos haces oídos sordos.

-¿Qué te importa a vos? ¿Pensás que no me acuesto pensando en eso? El estar pensando y ver que no puedo conciliar el sueño, yo le quiero dar lo mejor a Agustín, pero...

-...pero no podes, Carlos querido, es tan humano lo tuyo, mira, nosotras las preguntas, estamos por ustedes. Ya que son tan hombres para formularlas, esperamos que sean iguales para responderlas. Mi objetivo es estar acá a escuchar tu respuesta, y después mi trabajo terminó, me voy de tu vida y listo. La mente engaña, y en tiempos de tempestad la razón se desvanece y el temor toca la puerta.

-Si, ya lo sé, mira ahora me tengo que ir a laburar, las mejores piezas se van temprano.

-Nunca te vas a poder escapar de mi, gracias a vos yo estoy acá. Ah, si llega a tocar la puerta una persona llamada "La Duda", no la atiendas, porque nos está pinchando el negocio. Espero tu respuesta.

El café se había enfriado, pero el lo tomó de todos modos, tratando de hacer algo este martes a las 6:07am. Se calzó su campera, le dio un beso a su hijo de 6 años que no se despertó pero que desde un sueño profundo lo sintió. Salió a la calle con su carrito a responder la pregunta: "Papá...¿Qué vamos a comer hoy?

Fin.

Nicolas Pratto.

miércoles, 5 de junio de 2013

Charlas de mesa

Las charlas de mesa, ahhh, que momento para beber demás contar anécdotas, sacarle el cuero a los que no están, charlar de política y sociedad como si estuviéramos siendo grabados para un programa de interés general. Creo que la sociedad podría ser especificada en esos momentos, en que se habla a "calzón quitado". El abuelo podría decir "Perón nos dio trabajo y techo" o putearlo por "haberlo echado cuando no hizo el luto cuando facellió Eva Duarte de Perón.". Los padres y tíos dirían "¿Se acuerdan de los falcon verde? Yo tenía un conocido del laburo que lo llevaron y no lo vi más." O tirando más para acá lamentando la época de "Pizza con Champagne" mientras uno se toca el izquierdo. Esas charlas son un rejunte de épocas, de vivencias, que nos hacen reflexionar como estuvimos y como llegamos acá. Hasta incluso los chicos o adolescentes se quedan escuchando en silencio, o para poner algún bocadillo acertado. Miramos el pasado y comprendemos nuestro presente.




martes, 23 de abril de 2013

Raviolones y algo más

¿Por qué los domingos matutinos son tan difíciles de empezar? Las sábanas pesan, la almohada se asemeja a una feta de jamón y el colchón cruje como una puerta oxidada. ¿Será el día o lo que tendré que hacer en el? Esa pregunta retumba con susurros en las paredes.

10:34am, me tengo que levantar. Luego de un baño incómodo a causa del agua fría, me visto con ropa vieja de los 90's que todavía me entra y decido desayunar aunque no acostumbre a hacerlo. Té verde con tostadas y queso untable. El té es perfecto, me despierta un poco, pero las tostadas...son de hace dos días y cada mordisco hace que el pan se impregne en mis dientes. Dejo la taza en la pileta juntos con las de ayer y me dirijo a mi habitación mientras me repaso los dientes con la lengua. Antes de salir me los lavaré.

Me visto apropiadamente y me pongo a pensar hace cuanto que no la veo. La última vez tenía 17 años, tomamos mates y le hablé de mi proyecto de publicar un libro y de vivir de la literatura. Ella me incentivaba, pero me dijo que tendría que pensar en un trabajo de verdad. Me enojé. El mal momento que venía acumulando recayó en una persona que solamente trataba de aconsejarme y se preocupaba por mi. Aún recuerdo el sonido del portazo.

Ahora tengo 31 años, soy escritor y periodista cultural. Tengo una vida acomodada, rodeada de amigos que se preocupan, de artistas y pseudo-artistas. Pero a veces el sonido del portazo se escucha cuando trato de dormir y me pongo a pensar.

Hace una semana mi hermana me mandó un mensaje:

"Hola Nico, ya sé que tu situación con ella es delicada por lo que pasó hace años, y también sé que no te gusta hablar de ello, pero es la abuela. Hoy a la mañana la acompañé al hospital, está grave y le queda poco tiempo. Quiere verte el domingo de la semana que viene para almorzar. Por lo menos pensalo. Ah, y felicitaciones por tu nuevo libro."

Antes de salir de casa releo el mensaje, como si quisiese que fuere de un número equivocado para no ir. Me tanteo las llaves y salgo a la calle. El rocío todavía no se ha secado y ensucia un poco mis zapatillas. Me distraigo para no pensar, solamente quiere evaporarme entre el rocío.

Estoy a una cuadra, tengo las manos tan apretadas como puedo en mis bolsillos. Pienso pasar la casa de largo, hacer una manzana y dar la vuelta retomando hacia mi casa. A una vida llena de preguntas susurrantes y de portazos nocturnos. Miro mi celular y veo que son las 12:16am, tenía que estar hace 16 minutos. Tomo aire y toco el timbre, miro las ventanas amarillentas, con un estilo de fachada a la antigua. Abre la puerta y la veo, luce más frágil de lo que me imaginaba y está llorando. Nunca había visto a una persona de edad avanzada llorar, ahora sé que me parte el alma verlo.

Me mira con sus ojos húmedos y me dice con una voz apagada:
-Pensé que no ibas a venir. Pero tenía esperanzas, porque siempre eras de llegar tarde. Vení, pasa que está fresco. Hice raviolones de jamón y queso, ¿Eran de los que te gustaban no?

Fin

24/4/13 (En algún lugar de Mar del Plata donde suena "Changes" de David Bowie en mi cabeza.)

martes, 16 de abril de 2013

Donde el mar es gris y los cachetes son rojos

Eran las 9:40, hace 10 minutos tendría que haber entrado al colegio, no sé por qué lo hice, pero lo necesitaba. Necesitaba desaparecer por un instante, caminar y ser alguien más en el asfalto.

No tenía rumbo, y me encantaba ese sentimiento, decidí tomarme el primer colectivo que venga y bajarme hasta finalizar su recorrido. Pasó el 551 y me subí. Es algo extraño subirse al colectivo de todos los días pero en el horario que no es el de uno, nuevas caras, nuevos chimentos para escuchar y una nueva perspectiva desde la ventana, una ciudad que renace a las 9:52am

"Una mujer vestida de marinera, me hace acordar a un tema de Glenn Miller."

Las paradas siguen, nuevas caras, los taxistas tomando mate, mucha gente paseando perros y los demás dirigiéndose a su trabajo ¿Y yo?  Era una persona que no le interesaba llegar a destino, simplemente disfrutar el viaje. A las 10:24 sumerge una obra con flequillo y labios rojos dispuesta a bajarse, lo hago con ella anhelando ser su curador. Camino yendo a la costa, miro algunas casas que dan al mar y veo a una mujer en corpiño sacando fotos, la cámara es de buena calidad, no sé mucho, pero era gigante, así que supongo que lo era. Yo estaba solo en un descampado caminando por un camino que crean los bicicleteros, me mira y dispara. Yo sonrió, pensaba en saludar, pero tenía mis manos en los bolsillos y estaba fresco para sacarlas, sonrío y sigo caminando. Pasan algunos minutos y me cruzo para ver el mar.

Nunca tuve una buena relación con el mar, nunca me gustó, demasiada gente, sol y arena son cosas que no me agradan para nada. Pero hoy estaba casi desierto, algunas personas andando en rollers o en bici, otras caminando o trotando (generalmente ancianos).

"El Jazz es más hermoso cuando se ve el mar, probar con Sara Vaughan...éxito."

Mientas camino escucho Jazz, siempre lo hago, pero esta vez es especial. Me vacío unas pastillitas de mentas con total voracidad, me las meto de a cinco, no termino una que me introduzco otra. El sabor a naranja-menta inunda mi nariz. En un instante mientras me pierdo en mis pensamientos un vagabundo me dice:

-¿Vos pibe no tenes que estar en la escuela?

Me paro, miro su rostro arrugado por inviernos pasados y respondo.

-Si, pero hoy quería aprender en un lugar donde las calificaciones poco importan, un lugar donde uno vive, reencarna y nace nuevamente. Y hoy este es mi lugar.

-Ahh vos sos de esos raros que andan con el arte todo el tiempo.

-No creo, para simplificar, decidí caminar y ver el mar en un horario donde generalmente hago otras cosas, le sacamos lo poético y queda eso.

-¿Te gusta escribir?

-Me encanta! Esta es una de las razones por la que estoy acá, para inspirarme.

-Bueno hijo, no te molesto más y te dejo seguir.

Me quedo pensando en como cambió de decirme "pibe" a "hijo".

-Dale, ¿Una menta?

-No gracias, ya tengo mi vinardo.

"Un Diógenes contemporáneo, me pregunto si ya le habrá llegado su Alejandro Magno."

Sigo con mi trayecto y me doy cuenta de que tengo el mar a pocos centímetros. Pienso tirarme con todo lo que tengo, yo y mi bolso. Es tan fácil, un salto y ya está. Pero me pongo a pensar en qué dirán los diarios de mañana al enterarse la noticia de un chico que se suicida.

Joven adicto a las pastillas de menta se suicida en el mar

Un joven de 17 años de edad se tiró al mar, nadie sabe por qué aún. Los testigos del hecho son una pareja de ancianos y una mujer que estaba sacando fotografías. Junto a sus pertenencias hay un cuadernillo en que se ven escritas frases sin sentido y algunos párrafos de libros que se presume que leía. Más adelante ampliaremos el caso.

Estarían toda la semana hablando del hecho, invitando a psicólogos a cualquier programa para que den un detalle de la adolescencia actual y habría miles de panelistas diciendo estupideces. No quiero que mi muerte sea una noticia ni que genere panelistas, ya tenemos bastante al pedo, no quiero más.

"Con un kilo de pan se lleva un panelista, con tres se lleva cinco."

Cuando termino de pensar veo a un par de ancianos jugando al tejo con un perro que perseguía las bochas. Me gustaría ser fotógrafo o tener una cámara para haber capturado esa imagen.

"Cuando sea viejo, quiero jugar al tejo, escuchar a Goyeneche por las mañanas y tener un perro llamado Polaco."

Ya son las 11:21, el tiempo se me había escapado como la arena que veía a unos metros. Me llaman al celular, el mundo me necesitaba, contesto:

-Dale, en un rato voy. ¿Qué vamos a comer? Que rico, bueno, en media hora estoy. Chau.

"Donde el mar es gris y los cachetes rojos"

Una de mis últimas anotaciones que hice antes de volver a la cotidianidad, por un momento desaparecí, viví algo que puede parecer insulso, pero me gustó haberlo vivido. Capaz, en otras circunstancias, vuelva a retomar esa parte de un martes a la mañana para hacerla mía todos los días.







sábado, 13 de abril de 2013

¿Cuándo dejaré de...?

¿Cuándo dejaré de mirar sus ojos para empezarle a hablar?
¿Cuándo dejaré de rozar mis codos sobre su camisa a cuadros para sentirla?
¿Cuándo dejaré de apretar los puños en mis bolsillos al verla pasar por los pasillos?
¿Cuándo dejaré de consolarla para serle una ocasión de alegría?
¿Cuándo dejaré de escribirle poemas para decirle personalmente que la amo?

¿Cuándo podré darle ese beso que tanto anhelamos pero que no sabemos como crearlo?

Nicolas Pratto escribiendo desde un ascensor (12/4/13).

Fin.

domingo, 31 de marzo de 2013

Hoy no quiero ir

Yo siempre tuve la mala costumbre de levantarme más de lo acordado, nunca tuve la suerte de despertarme un día, ver que eras las 9:30am y decir "Huy me quedé dormido para ir a la escuela." Era algo mecánico, a las 6:58am ya estaba con los ojos abiertos, y lo peor era esperar y rogar a que mis viejos siguieran durmiendo para quedarme en la cama. Los segundos eran minutos y los minutos horas. Me quedaba mirando las telarañas que cuelgan del techo, el ventilador y a veces simplemente pensaba o miraba como el Sol se iba adueñando del cielo.

Algo que tuve siempre en cuenta de chico era el silencio, por lo general soy callado, así que con el nos llevamos bien. Tenía en cuenta cada movimiento de la cama, el darme vuelta sin hacer el mínimo sonido las sábanas rozando las piernas de uno, la respiración, el movimiento de los brazos. Pero lo peor de todo no era el silencio, mi enemigo era mi propio organismo, no podía y puedo aguantar estar una hora recién despierto sin ir al baño a hacer lo primero. A veces iba arrastrando los pies con tal de que no se escuchara nada, acomodaba mi cuerpo para que pasara por la puerta como estaba, no tiraba la cadena y me iba a la cama con las medias sucias.

Uno puede decir "¿Por qué no te hacías el enfermo?" Bueno, el tema es que cada semana yo "contraía" una enfermedad justo la noche antes de ir a la escuela. Y mi mamá, que me tuvo 9 meses adentro, ya me sacó la ficha de una, aparte cuando miento soy de reírme, así que descarto la opción de estar enfermo. También estaba la opción de entrar a la habitación de mis viejos antes de que sonara el despertador, una vez lo hice, del lado de la cama de mi papá era fácil porque ronca como ninguno. El tema era mi mamá, ella es como yo, escucha un sonido y en un abrir y cerrar de ojos ya está levantada y cambiada, cuando le fui a cambiar el despertador, justo tuve la mala suerte de que mi pie descalzo chocara con la pata de la cama y gritar como Pavarotti a más no poder.

Otro día agarré los despertadores y los tiré por la venta, pero lo tiré en un lugar en que pareció el sonido de un petardo. Entonces mis viejos se despertaron y tuve que reponer los daños más el reto.

Así que no quedaba otra que esperar, aguantar el llamado de la naturaleza y hacer el mínimo ruido posible. Aunque a veces mis papás se hacían los tontos y me dejaban en la cama, que ahora que lo pienso era al pedo, porque ya me había despertado. Pero por lo menos me quedaba en casa.

Fin.

Nicolas Pratto.





sábado, 9 de marzo de 2013

Jazz

He pasado noches sin dormir, tratando de escribir hojas que al final terminaban en blanco. ¿Cómo hablar de algo tan hermoso? ¿Seré digno de hacerlo? Un artista realiza su obra, sabe lo que es y significa, ahora...¿Cómo se la explicas al público? Hoy, un 8 de Marzo a las 24:48pm creo que ya puedo hacerlo.

Capítulo 1: ¿Nos conocemos de algún lado?

Yo tendría 14 años, pasaba la época rockera de todo adolescente, escuchaba a Zeppelin, Purple, Hendrix, Guns n' Roses, entre otros. "Mientras más rápido y ruidoso, mejor" pensaba yo. Estaba en un esquema y bajo ninguna circunstancia me salía de el, lo demás era basura. Al pasar los meses noté que el Rock ya no me hacía sentir como antes, me di cuenta que las canciones de Ac/Dc eran todas iguales, todo el día escuchando Rock, cansa. Ahora me atrevo a decirlo, y luego de hablar con varios músicos o artistas que apoyan mi opinión, que el Rock es un género usado, que fue, y está siendo exprimido por las compañías discográfica. Necesitaba un cambio, algo nuevo.

Al pasar los meses yo había cambiado, dejé de leer Spider-Man (que algunas veces lo sigo haciendo) por Kafka, de tener unos pocos amigos (debido a mi timidez) a estar solo y a transformarme en una persona muy introvertida que se encerraba a su cuarto a leer. Durante esos meses mi tío me fue de gran ayuda, me traía libros y libros, empecé a instruirme en el asunto, conocí a Hemingway, Geno Días, Rulfo, García Marquez entre otros. Mediante esos libros lograba conocerme mediante esos personajes.

La adolescencia es el jamón que está entre el los panes de la niñez y la adultez, para decirlo un poco irónico. Según la psicología es donde se marcan los gustos, donde uno sabe quién es y decide qué quiere ser. Un día de invierno llega nuevamente mi tío a mi casa, esta vez no me regala o presta libros, sino me trajo un disco: "Grandes Éxitos del Jazz". ¿Jazz? La única vaga idea que tenía del género es que a Lisa Simpson le encantaba. Pero como "A caballo regalado no se le miran los dientes", acepté el presente y me presté a escucharlo cada noche.

Cada noche lo escuchaba solamente conocía dos temas del disco que me sonaban familiar, uno era de Armstrong y el otro de Glenn Miller. Me ayudaba a tranquilizarme y me sentía bien haciéndolo.

"Cada noche escuchaba y me gustaba."

Capítulo 2: Conociendo.

Mi padre vio el interés que tenía y me empezó a comprar una entrega que venía todos los domingos de un disco de jazz más el diario. Primera entrega Louis Armstrong, segunda Glenn Miller, tercera Benny Goodman y así por el estilo. Me encantaba las orquestas y soñaba con estar en un club bailando al son de la música con un traje color sepia, hasta ese momento lo único que conocía del Jazz era eso. Una semana era demasiada espera para mi. El cuarto domingo me llevé una sorpresa, cuarta entre Bill Evans, debo reconocer que al principio no me gustó, incluso me aburrió. No era música para bailar como las orquestas, era piano, batería y contrabajo, sin decir que era todo instrumental. El 90% de las canciones eran un solo de piano y contrabajo, que apenas con mis auriculares al mango podía distinguirlo del silencio. Casi dejo de comprar la entrega por la desilusión que me había llevado.

Gracias a las coincidencias de la vida, yo entré en un período "malo". Me sentía mal y no sabía por qué, y eso me hacía sentir peor. Digo gracias porque en ese momento empecé a entender, a sufrir y amar a este género. Hay un tiempo para reír y para llorar, en el momento "tristón" ahí apareció Bill Evans para musicalizarme. Una noche estaba escuchando el disco y justo en el Track 4 (Nardis) me quiebro y me pongo a llorar, no por el momento que pasaba, sino por lo magnífico que fue el tema, la intro, el solo de contrabajo y la vuelta al hilo del comienzo, fue la primera vez que lloraba por una canción. Supe que el tema era serio, porque por lo general la gente se emociona por la letra, acá no hay letra, es pura melodía, una melodía que me había tocado.

"Cada noche escuchaba y me emocionaba."

Capítulo 3: ¿Querés que te lleve?

A medida que me sucedía esto, empecé a ver la vida de otra manera mientras viajaba por colectivo, hablaba con las personas o veía la forma de actuar de algunas, todo eso lo plasmé en la faceta de hoy que es la escritura. Debo decir que la mayoría de mis escritos no me gustan, pero al parecer a la gente si, y el agradecimiento de ellas me reconforta gustosamente.

Pero a lo bueno hay que incentivarlo, y yo me estaba teniendo el típico caso de "Blockeo de escritor". Cierta persona me dijo una vez que es fácil ser escritor, "Uno escribe y listo". Pero no es tan así, un carpintero sabe lo que tiene que hacer, si hace una mesa tomará las medias, seleccionará la madera adecuada y demás. Pero el escritor no sabe nada de eso, es más, yo sufro más de lo que amo. El estar con la hoja en blanco, con ideas buenas, pero no con el lado correcto que quiero enfocarle es escalofriante, me frustra y mucho. Me ha pasado de escribir un cuento en 30 minutos y otro de 6 meses, y que el que más guste es el de media hora. Pero es como diría Picasso: "La inspiración te tiene que encontar trabajando."

Volviendo al tema, yo me encontraba frustrado, tenía las ideas y las ganas, pero no la inspiración. Es ahí cuando conozco a tres personas: Miles Davis, John Coltrane y Dave Brubeck. Desde ese momento escribía como escuchaba, todo el tiempo. Los solos improvisados de Coltrane y Davis, la armonía de Brubeck me han ayudado, y siguen haciéndolo para escribir. Todas las noches un disco, un cuento. Me sentía bien y la gente  lo notaba cuando me leía. Ese momento fue como estar varado en la ruta y que alguien pare y me diga "¿Querés que te lleve?

"Cada noche escuchaba y me inspiraba."

Capítulo 4: Un hambriento feliz.

Cuando una persona ama a la otra sacrifica cosas de uno por el otro. Puede ser un "fuchi" con amigos a cambio de una cena. Un vestido a cambio de un disco para regalar y así por dar ejemplos. El tema es que el amor no solamente se dice o se siente, sino hay que demostrarlo y aceptar los sacrificios que este conlleva.

Y yo me estaba sacrificando, recuerdo que mis padres se fueron de vacaciones a Buenos Aires por tres días, y me dejaron plata para que me comprara la comida. Ni bien los despedí de la terminal, me fui derecho a una disquería y me compré discos de Gillespie, Coltrane, Ellingtong y Sarah Vaughan. No tenía nada para comer, excepto algún pan duro, y cosas que quedaron en la heladera como zanahorias, un zapallo y media milanesa. Mi estomago me puteaba pero mis oídos me alababan. Era un
hambriento feliz. Amaba mi condición todas las noches.

"Cada noche escuchaba y amaba."

Capítulo 5: Hoy.

Hoy ya pasaron 3 años desde aquel encuentro. Ahora tengo 17, algunos confunden mi forma de ser y gustos por un viejo de 80, que se va hacer, no se puede contentar a todos. He amado, he sufrido o simplemente he existido, pero el Jazz ha estado siempre ahí para musicalizarme el momento y hacerme sentir un poco mejor diría maso menos Charly. Muchos dirán que el Jazz es "aburrido", opiniones son opiniones. Pero no saben que gracias al Jazz fue parte esencial para el Reggae, que creó el Blues y por ende más tarde nació el Rock. Es como aquel viejo en una cena familiar, ya no tiene nada para decir, pero cuando habla todos se callan por respeto.

¿Qué es el Jazz? Esa pregunta me la han planteado muchas veces. Bill Evans alguna vez dijo:"El Jazz no es el qué, sino el cómo." No respondo esa pregunta verbalmente, presto un disco y eso que vas a sentir mientras lo escuchas es "Jazz". Porque después de todo es un género más de la Música, algo que rompe las barreras sociales, raciales y culturales, generando e incentivando el estado puro de la creatividad humana.

Pero el Jazz en mi humilde opinión, es el género que más amo.

Fin.

Nicolas Pratto.





















jueves, 7 de febrero de 2013

¿Dónde está el topacio?

Para los que somos más jóvenes y hemos aprendido "Historia del Rock Nacional" (materia que siempre se aprueba) por medio de nuestros padres, familiares o amigos. Hay dos próceres de este género, uno es Charly García y el otro Luis Alberto Spinetta.

 El primero es más conocido que el segundo, su música, y su manera de actuar le han dado una reputación. El segundo...que podemos decir del "Flaco", es conocido por su música, no hizo escándalos, el componía, tocaba y hacía su vida personal, algo que no atraía a los medios, aparte recordemos que no era muy dado a las entrevistas. Pero un 8 de Febrero de 2012 todos sentimos un pedazo nuestro que se fue, sea del género que a uno le guste. A todos se nos escapó un lagrimón y no podíamos caer en sí, se nos había ido un héroe, no tan recordados por todos, pero era un héroe después de todo.

Aunque todos sabíamos y habíamos visto en los medios que Spinetta se mostraba "delicado" por su enfermedad. Todos pensamos que el iba a salir adelante, ¿Por qué? Simplemente porque es "El Flaco Spinetta". Aparte, siendo sinceros, creo que un 75% de nosotros pensaba que primero se nos iba a ir Charly antes que Luis Alberto. Charly era el de los escándalos, el de tirarse un clavado desde un edificio, ese era Charly. Pero el Flaco era discreto, hacía lo suyo y todos los del ambiente lo querían como era el. 

Todos queríamos ver la noticia, asegurarnos de que no era cierto, el no había muerto, pero la realidad llamó a la puerta y nos dio un baldazo de agua fría. Todos esa noche nos dormimos pensando en Spinetta, recordando un tema, escuchando un disco completo o mirando los especiales que aparecieron de repente en radio y televisión, todos le hicimos un tributo personal.

Como sabemos los héroes no mueren, sino que reencarnan, le sucedió lo mismo a Hendrix, Luca Proda, Pappo, Kurt Cobain y tantos más que se ha llevado la muerte. En el caso de Luis Alberto superó la vida para que su arte nunca deje de escucharse, verse o sentirse, para que las antiguas generaciones sepan que ese hombre quiso que las bandas nacionales, no cantaran en inglés, sino en castellano.

¿Dónde está un topacio? Un tema de su primer disco solista (A 18' del Sol). En ese tema  hay un fragmento que dice "¿Dónde está, dónde está esa luz del verano? ¿Dónde, dónde está el topacio". Ese día, todos perdimos esa luz del verano.

Un 8 de Febrero del año 2012, "El día se sentaba a morir" y se llevaba consigo a Luis Alberto Spinetta.

Fin.

Nicolas Pratto.

lunes, 4 de febrero de 2013

La lágrima que colmó la relación

-Yo no puedo creer lo que me estás diciendo, después de todo este tiempo de...

-Pero callate, si, te metí y te estoy metiendo los cuernos. Pero sabes qué, es tu culpa. Todo el día rompiendo las guindas con estar juntos, que no contribuyo a la relación y toda esa porquería que miras en la televisión.

-Y, por si no te enteraste somos una pareja, es obvio que tenemos que estar juntos, para alimentar la relación. Pero si vos te la pasas llegando tarde, discutiendo todo lo que te propongo, como el otro día que...

-Eso es típico de las mujeres, el sacar las cosas a la luz en plena discusión. Sabes qué, ya me hartaste, y te digo una cosa más, mientras estaba con ella, pensaba en vos y me importó un pedo.

Todo eso transcurría una recién empezada tarde de verano, el día estaba fresco y un chico llamado Fausto no salía a jugar a la plaza porque estaba resfriado por el cambio de clima. Romina, agarra las pocas cosas que se había traído para la casa de Mariano y se va, no llora, hace dos semanas que vio el mensaje de una tal "Carolina" que decía "¿Seguro que tu esposa no sospecha nada? No vengas todos los días acá, sino va empezar a dudar que seguís en el laburo, te amo." Cada vez que su marido se bañaba, ella revisaba el mismo mensaje, y practicaba su reacción frente al espejo cuando tuviera que hablar con el. La mayoría de las veces se notaba tranquila, otras veces tenía que decidir si llorar o seguir hablando entre sollozos.

Llega a su casa como todos los días, cansada física y sentimentalmente. Tira las cajas que llevaba y pone la pava para un té verde. Mientras la pava hierve ella mira fijamente a la nada, tratando de entender lo que pasó. Todavía no pensó en lo que había sucedido, se guió por instinto, depositó y compartió su expectativa de vida con un hombre que al final poco le importó lo que ella hacía. Siempre se decía "tendrá sus cosas, pero yo lo voy a poder moldear." Pero el barro terminó yéndose por sus dedos y dejando todo en un recuerdo que no se puede recortar con tijeras de plástico.

Mientras toma el té de a sorbos delicados, su garganta pareciera que se achica y sus ojos se iluminan de lágrimas. Empieza a llorar, pero no de tristeza, hace bastante que realizó su duelo privadamente, pero lo hace porque siente que es natural hacerlo y porque también lo precisa.

Entonces se levanta y toma un frasco que le había regalado Mariano para que guardara sus flores. Por raro que parezca empezó a guardar sus lágrimas, cada una danzaba por su rostro y finalizaba en el frasco, no se secaban, se acumulaban y tomaban un color poco usual.

Ya era tarde, Romina comió una naranja y la peló en forma de barquillo, dejó el repasador junto con las cáscaras en la pileta de la cocina, limpió el cuchillo y se fue a la cama tratando enganchar alguna serie de los 90's para dormir.

Al otro día se despierta escuchando la alarma de un auto, se dirige al baño, se produce y desayuna. Antes de irse a hacer las compras mira el florero que tiene, resultó que el jazmín que tenía ya se había marchitado, "pobre, no le di mucho Sol" pensó, tira la flor y deposita otra lágrima al frasco. Se lava la cara y sale de su casa.

Pasan los días y Romina sigue depositando su cuota diaria de lágrimas, casi está por llenar todo el frasco. Ya superó el mal momento, pero lo hace como un ejercicio para tranquilarse. Una mañana recibe un mensaje de Mariano: "Hola amor, me encantaría verte, te prometo que esta vez vamos a ser uno solo, quiero empezar una nueva vida, y que mejor junto a voz, me gustaría tomar algo con vos para hablar." Sabía que tarde o temprano le llegaría un mensaje de el, tardó un tiempo, pero fue seguro. Todo se estaba dando según sus planes.

Acordaron desayunar en la casa de ella. Era un viernes a la tarde, Fausto ya se había recuperado y podía jugar a la pelota, pero usaba una remera manga larga para no resfriarse de nuevo.

Mariano toca la puerta y pasa olvidando el por qué está allí y a qué vino a hablar, se sienta en el sillón como si estuviera por ver un partido. Ambos sonríen cuando se ven, el para ocultar un poco su manera de actuar, y ella para ocultar lo que pronto hará.

-Tengo nada más té para tomar. ¿Te importa amor? (Mientras dijo amor se le desvaneció la sonrisa y por un segundo le nació un gesto de repugnancia, pero el no se dio cuenta).

-No Ro, no me importa, el que venga está bien.

El saco de té se relaciona con el agua y tarda unos pocos minutos para ser uno. Romina llega con las dos tazas y dice:

-Ya está, acercate a la mesa para merendar que lo preparé como a vos te gusta.

-Buenísimo, tenía un hambre terrible, dejame ver el partido.

Ella sonríe y toma de a delicados sorbos para disimular su ansiedad. Mariano deja de tomar por un instante y dice:

-Tiene algo raro este té ¿No?

-Si lo que pasa es que lo compré en otro lado, es de otra marca.

-Ahhh, con razón...

La tarde se hizo noche. Fausto metió un gol de cabeza y se había raspado la rodilla. Mariano había disfrutado el té y Romina tira un frasco vacío a la basura.

Fin.

Nicolas Pratto.