Yo siempre tuve la mala costumbre de levantarme más de lo acordado, nunca tuve la suerte de despertarme un día, ver que eras las 9:30am y decir "Huy me quedé dormido para ir a la escuela." Era algo mecánico, a las 6:58am ya estaba con los ojos abiertos, y lo peor era esperar y rogar a que mis viejos siguieran durmiendo para quedarme en la cama. Los segundos eran minutos y los minutos horas. Me quedaba mirando las telarañas que cuelgan del techo, el ventilador y a veces simplemente pensaba o miraba como el Sol se iba adueñando del cielo.
Algo que tuve siempre en cuenta de chico era el silencio, por lo general soy callado, así que con el nos llevamos bien. Tenía en cuenta cada movimiento de la cama, el darme vuelta sin hacer el mínimo sonido las sábanas rozando las piernas de uno, la respiración, el movimiento de los brazos. Pero lo peor de todo no era el silencio, mi enemigo era mi propio organismo, no podía y puedo aguantar estar una hora recién despierto sin ir al baño a hacer lo primero. A veces iba arrastrando los pies con tal de que no se escuchara nada, acomodaba mi cuerpo para que pasara por la puerta como estaba, no tiraba la cadena y me iba a la cama con las medias sucias.
Uno puede decir "¿Por qué no te hacías el enfermo?" Bueno, el tema es que cada semana yo "contraía" una enfermedad justo la noche antes de ir a la escuela. Y mi mamá, que me tuvo 9 meses adentro, ya me sacó la ficha de una, aparte cuando miento soy de reírme, así que descarto la opción de estar enfermo. También estaba la opción de entrar a la habitación de mis viejos antes de que sonara el despertador, una vez lo hice, del lado de la cama de mi papá era fácil porque ronca como ninguno. El tema era mi mamá, ella es como yo, escucha un sonido y en un abrir y cerrar de ojos ya está levantada y cambiada, cuando le fui a cambiar el despertador, justo tuve la mala suerte de que mi pie descalzo chocara con la pata de la cama y gritar como Pavarotti a más no poder.
Otro día agarré los despertadores y los tiré por la venta, pero lo tiré en un lugar en que pareció el sonido de un petardo. Entonces mis viejos se despertaron y tuve que reponer los daños más el reto.
Así que no quedaba otra que esperar, aguantar el llamado de la naturaleza y hacer el mínimo ruido posible. Aunque a veces mis papás se hacían los tontos y me dejaban en la cama, que ahora que lo pienso era al pedo, porque ya me había despertado. Pero por lo menos me quedaba en casa.
Fin.
Nicolas Pratto.
domingo, 31 de marzo de 2013
sábado, 9 de marzo de 2013
Jazz
He pasado noches sin dormir, tratando de escribir hojas que al final terminaban en blanco. ¿Cómo hablar de algo tan hermoso? ¿Seré digno de hacerlo? Un artista realiza su obra, sabe lo que es y significa, ahora...¿Cómo se la explicas al público? Hoy, un 8 de Marzo a las 24:48pm creo que ya puedo hacerlo.
Capítulo 1: ¿Nos conocemos de algún lado?
Yo tendría 14 años, pasaba la época rockera de todo adolescente, escuchaba a Zeppelin, Purple, Hendrix, Guns n' Roses, entre otros. "Mientras más rápido y ruidoso, mejor" pensaba yo. Estaba en un esquema y bajo ninguna circunstancia me salía de el, lo demás era basura. Al pasar los meses noté que el Rock ya no me hacía sentir como antes, me di cuenta que las canciones de Ac/Dc eran todas iguales, todo el día escuchando Rock, cansa. Ahora me atrevo a decirlo, y luego de hablar con varios músicos o artistas que apoyan mi opinión, que el Rock es un género usado, que fue, y está siendo exprimido por las compañías discográfica. Necesitaba un cambio, algo nuevo.
Al pasar los meses yo había cambiado, dejé de leer Spider-Man (que algunas veces lo sigo haciendo) por Kafka, de tener unos pocos amigos (debido a mi timidez) a estar solo y a transformarme en una persona muy introvertida que se encerraba a su cuarto a leer. Durante esos meses mi tío me fue de gran ayuda, me traía libros y libros, empecé a instruirme en el asunto, conocí a Hemingway, Geno Días, Rulfo, García Marquez entre otros. Mediante esos libros lograba conocerme mediante esos personajes.
La adolescencia es el jamón que está entre el los panes de la niñez y la adultez, para decirlo un poco irónico. Según la psicología es donde se marcan los gustos, donde uno sabe quién es y decide qué quiere ser. Un día de invierno llega nuevamente mi tío a mi casa, esta vez no me regala o presta libros, sino me trajo un disco: "Grandes Éxitos del Jazz". ¿Jazz? La única vaga idea que tenía del género es que a Lisa Simpson le encantaba. Pero como "A caballo regalado no se le miran los dientes", acepté el presente y me presté a escucharlo cada noche.
Cada noche lo escuchaba solamente conocía dos temas del disco que me sonaban familiar, uno era de Armstrong y el otro de Glenn Miller. Me ayudaba a tranquilizarme y me sentía bien haciéndolo.
"Cada noche escuchaba y me gustaba."
Capítulo 2: Conociendo.
Mi padre vio el interés que tenía y me empezó a comprar una entrega que venía todos los domingos de un disco de jazz más el diario. Primera entrega Louis Armstrong, segunda Glenn Miller, tercera Benny Goodman y así por el estilo. Me encantaba las orquestas y soñaba con estar en un club bailando al son de la música con un traje color sepia, hasta ese momento lo único que conocía del Jazz era eso. Una semana era demasiada espera para mi. El cuarto domingo me llevé una sorpresa, cuarta entre Bill Evans, debo reconocer que al principio no me gustó, incluso me aburrió. No era música para bailar como las orquestas, era piano, batería y contrabajo, sin decir que era todo instrumental. El 90% de las canciones eran un solo de piano y contrabajo, que apenas con mis auriculares al mango podía distinguirlo del silencio. Casi dejo de comprar la entrega por la desilusión que me había llevado.
Gracias a las coincidencias de la vida, yo entré en un período "malo". Me sentía mal y no sabía por qué, y eso me hacía sentir peor. Digo gracias porque en ese momento empecé a entender, a sufrir y amar a este género. Hay un tiempo para reír y para llorar, en el momento "tristón" ahí apareció Bill Evans para musicalizarme. Una noche estaba escuchando el disco y justo en el Track 4 (Nardis) me quiebro y me pongo a llorar, no por el momento que pasaba, sino por lo magnífico que fue el tema, la intro, el solo de contrabajo y la vuelta al hilo del comienzo, fue la primera vez que lloraba por una canción. Supe que el tema era serio, porque por lo general la gente se emociona por la letra, acá no hay letra, es pura melodía, una melodía que me había tocado.
"Cada noche escuchaba y me emocionaba."
Capítulo 3: ¿Querés que te lleve?
A medida que me sucedía esto, empecé a ver la vida de otra manera mientras viajaba por colectivo, hablaba con las personas o veía la forma de actuar de algunas, todo eso lo plasmé en la faceta de hoy que es la escritura. Debo decir que la mayoría de mis escritos no me gustan, pero al parecer a la gente si, y el agradecimiento de ellas me reconforta gustosamente.
Pero a lo bueno hay que incentivarlo, y yo me estaba teniendo el típico caso de "Blockeo de escritor". Cierta persona me dijo una vez que es fácil ser escritor, "Uno escribe y listo". Pero no es tan así, un carpintero sabe lo que tiene que hacer, si hace una mesa tomará las medias, seleccionará la madera adecuada y demás. Pero el escritor no sabe nada de eso, es más, yo sufro más de lo que amo. El estar con la hoja en blanco, con ideas buenas, pero no con el lado correcto que quiero enfocarle es escalofriante, me frustra y mucho. Me ha pasado de escribir un cuento en 30 minutos y otro de 6 meses, y que el que más guste es el de media hora. Pero es como diría Picasso: "La inspiración te tiene que encontar trabajando."
Volviendo al tema, yo me encontraba frustrado, tenía las ideas y las ganas, pero no la inspiración. Es ahí cuando conozco a tres personas: Miles Davis, John Coltrane y Dave Brubeck. Desde ese momento escribía como escuchaba, todo el tiempo. Los solos improvisados de Coltrane y Davis, la armonía de Brubeck me han ayudado, y siguen haciéndolo para escribir. Todas las noches un disco, un cuento. Me sentía bien y la gente lo notaba cuando me leía. Ese momento fue como estar varado en la ruta y que alguien pare y me diga "¿Querés que te lleve?
"Cada noche escuchaba y me inspiraba."
Capítulo 4: Un hambriento feliz.
Cuando una persona ama a la otra sacrifica cosas de uno por el otro. Puede ser un "fuchi" con amigos a cambio de una cena. Un vestido a cambio de un disco para regalar y así por dar ejemplos. El tema es que el amor no solamente se dice o se siente, sino hay que demostrarlo y aceptar los sacrificios que este conlleva.
Y yo me estaba sacrificando, recuerdo que mis padres se fueron de vacaciones a Buenos Aires por tres días, y me dejaron plata para que me comprara la comida. Ni bien los despedí de la terminal, me fui derecho a una disquería y me compré discos de Gillespie, Coltrane, Ellingtong y Sarah Vaughan. No tenía nada para comer, excepto algún pan duro, y cosas que quedaron en la heladera como zanahorias, un zapallo y media milanesa. Mi estomago me puteaba pero mis oídos me alababan. Era un
hambriento feliz. Amaba mi condición todas las noches.
"Cada noche escuchaba y amaba."
Capítulo 5: Hoy.
Hoy ya pasaron 3 años desde aquel encuentro. Ahora tengo 17, algunos confunden mi forma de ser y gustos por un viejo de 80, que se va hacer, no se puede contentar a todos. He amado, he sufrido o simplemente he existido, pero el Jazz ha estado siempre ahí para musicalizarme el momento y hacerme sentir un poco mejor diría maso menos Charly. Muchos dirán que el Jazz es "aburrido", opiniones son opiniones. Pero no saben que gracias al Jazz fue parte esencial para el Reggae, que creó el Blues y por ende más tarde nació el Rock. Es como aquel viejo en una cena familiar, ya no tiene nada para decir, pero cuando habla todos se callan por respeto.
¿Qué es el Jazz? Esa pregunta me la han planteado muchas veces. Bill Evans alguna vez dijo:"El Jazz no es el qué, sino el cómo." No respondo esa pregunta verbalmente, presto un disco y eso que vas a sentir mientras lo escuchas es "Jazz". Porque después de todo es un género más de la Música, algo que rompe las barreras sociales, raciales y culturales, generando e incentivando el estado puro de la creatividad humana.
Pero el Jazz en mi humilde opinión, es el género que más amo.
Fin.
Nicolas Pratto.
Capítulo 1: ¿Nos conocemos de algún lado?
Yo tendría 14 años, pasaba la época rockera de todo adolescente, escuchaba a Zeppelin, Purple, Hendrix, Guns n' Roses, entre otros. "Mientras más rápido y ruidoso, mejor" pensaba yo. Estaba en un esquema y bajo ninguna circunstancia me salía de el, lo demás era basura. Al pasar los meses noté que el Rock ya no me hacía sentir como antes, me di cuenta que las canciones de Ac/Dc eran todas iguales, todo el día escuchando Rock, cansa. Ahora me atrevo a decirlo, y luego de hablar con varios músicos o artistas que apoyan mi opinión, que el Rock es un género usado, que fue, y está siendo exprimido por las compañías discográfica. Necesitaba un cambio, algo nuevo.
Al pasar los meses yo había cambiado, dejé de leer Spider-Man (que algunas veces lo sigo haciendo) por Kafka, de tener unos pocos amigos (debido a mi timidez) a estar solo y a transformarme en una persona muy introvertida que se encerraba a su cuarto a leer. Durante esos meses mi tío me fue de gran ayuda, me traía libros y libros, empecé a instruirme en el asunto, conocí a Hemingway, Geno Días, Rulfo, García Marquez entre otros. Mediante esos libros lograba conocerme mediante esos personajes.
La adolescencia es el jamón que está entre el los panes de la niñez y la adultez, para decirlo un poco irónico. Según la psicología es donde se marcan los gustos, donde uno sabe quién es y decide qué quiere ser. Un día de invierno llega nuevamente mi tío a mi casa, esta vez no me regala o presta libros, sino me trajo un disco: "Grandes Éxitos del Jazz". ¿Jazz? La única vaga idea que tenía del género es que a Lisa Simpson le encantaba. Pero como "A caballo regalado no se le miran los dientes", acepté el presente y me presté a escucharlo cada noche.
Cada noche lo escuchaba solamente conocía dos temas del disco que me sonaban familiar, uno era de Armstrong y el otro de Glenn Miller. Me ayudaba a tranquilizarme y me sentía bien haciéndolo.
"Cada noche escuchaba y me gustaba."
Capítulo 2: Conociendo.
Mi padre vio el interés que tenía y me empezó a comprar una entrega que venía todos los domingos de un disco de jazz más el diario. Primera entrega Louis Armstrong, segunda Glenn Miller, tercera Benny Goodman y así por el estilo. Me encantaba las orquestas y soñaba con estar en un club bailando al son de la música con un traje color sepia, hasta ese momento lo único que conocía del Jazz era eso. Una semana era demasiada espera para mi. El cuarto domingo me llevé una sorpresa, cuarta entre Bill Evans, debo reconocer que al principio no me gustó, incluso me aburrió. No era música para bailar como las orquestas, era piano, batería y contrabajo, sin decir que era todo instrumental. El 90% de las canciones eran un solo de piano y contrabajo, que apenas con mis auriculares al mango podía distinguirlo del silencio. Casi dejo de comprar la entrega por la desilusión que me había llevado.
Gracias a las coincidencias de la vida, yo entré en un período "malo". Me sentía mal y no sabía por qué, y eso me hacía sentir peor. Digo gracias porque en ese momento empecé a entender, a sufrir y amar a este género. Hay un tiempo para reír y para llorar, en el momento "tristón" ahí apareció Bill Evans para musicalizarme. Una noche estaba escuchando el disco y justo en el Track 4 (Nardis) me quiebro y me pongo a llorar, no por el momento que pasaba, sino por lo magnífico que fue el tema, la intro, el solo de contrabajo y la vuelta al hilo del comienzo, fue la primera vez que lloraba por una canción. Supe que el tema era serio, porque por lo general la gente se emociona por la letra, acá no hay letra, es pura melodía, una melodía que me había tocado.
"Cada noche escuchaba y me emocionaba."
Capítulo 3: ¿Querés que te lleve?
A medida que me sucedía esto, empecé a ver la vida de otra manera mientras viajaba por colectivo, hablaba con las personas o veía la forma de actuar de algunas, todo eso lo plasmé en la faceta de hoy que es la escritura. Debo decir que la mayoría de mis escritos no me gustan, pero al parecer a la gente si, y el agradecimiento de ellas me reconforta gustosamente.
Pero a lo bueno hay que incentivarlo, y yo me estaba teniendo el típico caso de "Blockeo de escritor". Cierta persona me dijo una vez que es fácil ser escritor, "Uno escribe y listo". Pero no es tan así, un carpintero sabe lo que tiene que hacer, si hace una mesa tomará las medias, seleccionará la madera adecuada y demás. Pero el escritor no sabe nada de eso, es más, yo sufro más de lo que amo. El estar con la hoja en blanco, con ideas buenas, pero no con el lado correcto que quiero enfocarle es escalofriante, me frustra y mucho. Me ha pasado de escribir un cuento en 30 minutos y otro de 6 meses, y que el que más guste es el de media hora. Pero es como diría Picasso: "La inspiración te tiene que encontar trabajando."
Volviendo al tema, yo me encontraba frustrado, tenía las ideas y las ganas, pero no la inspiración. Es ahí cuando conozco a tres personas: Miles Davis, John Coltrane y Dave Brubeck. Desde ese momento escribía como escuchaba, todo el tiempo. Los solos improvisados de Coltrane y Davis, la armonía de Brubeck me han ayudado, y siguen haciéndolo para escribir. Todas las noches un disco, un cuento. Me sentía bien y la gente lo notaba cuando me leía. Ese momento fue como estar varado en la ruta y que alguien pare y me diga "¿Querés que te lleve?
"Cada noche escuchaba y me inspiraba."
Capítulo 4: Un hambriento feliz.
Cuando una persona ama a la otra sacrifica cosas de uno por el otro. Puede ser un "fuchi" con amigos a cambio de una cena. Un vestido a cambio de un disco para regalar y así por dar ejemplos. El tema es que el amor no solamente se dice o se siente, sino hay que demostrarlo y aceptar los sacrificios que este conlleva.
Y yo me estaba sacrificando, recuerdo que mis padres se fueron de vacaciones a Buenos Aires por tres días, y me dejaron plata para que me comprara la comida. Ni bien los despedí de la terminal, me fui derecho a una disquería y me compré discos de Gillespie, Coltrane, Ellingtong y Sarah Vaughan. No tenía nada para comer, excepto algún pan duro, y cosas que quedaron en la heladera como zanahorias, un zapallo y media milanesa. Mi estomago me puteaba pero mis oídos me alababan. Era un
hambriento feliz. Amaba mi condición todas las noches.
"Cada noche escuchaba y amaba."
Capítulo 5: Hoy.
Hoy ya pasaron 3 años desde aquel encuentro. Ahora tengo 17, algunos confunden mi forma de ser y gustos por un viejo de 80, que se va hacer, no se puede contentar a todos. He amado, he sufrido o simplemente he existido, pero el Jazz ha estado siempre ahí para musicalizarme el momento y hacerme sentir un poco mejor diría maso menos Charly. Muchos dirán que el Jazz es "aburrido", opiniones son opiniones. Pero no saben que gracias al Jazz fue parte esencial para el Reggae, que creó el Blues y por ende más tarde nació el Rock. Es como aquel viejo en una cena familiar, ya no tiene nada para decir, pero cuando habla todos se callan por respeto.
¿Qué es el Jazz? Esa pregunta me la han planteado muchas veces. Bill Evans alguna vez dijo:"El Jazz no es el qué, sino el cómo." No respondo esa pregunta verbalmente, presto un disco y eso que vas a sentir mientras lo escuchas es "Jazz". Porque después de todo es un género más de la Música, algo que rompe las barreras sociales, raciales y culturales, generando e incentivando el estado puro de la creatividad humana.
Pero el Jazz en mi humilde opinión, es el género que más amo.
Fin.
Nicolas Pratto.
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