martes, 20 de agosto de 2013

18 de Agosto

Tenía sus ojos cerrados, no sabía la hora pero sentía frío, un frío infantil que le recordaba a la inocencia. Finalmente los abre y no ve su habitación, está en otro lugar, todavía adormecida se dirige hacia la ventana y ve que en el patio está nevando. "¿Nieva en Mar del Plata? No puede ser." El paisaje no concordaba, entonces había vuelto, era ella en otro lugar, un lugar que soñaba. "Si, que soñaba. Entonces no lo es." Despierta.

Ahora todo encajaba, su techo era el mismo techo de la noche anterior y desde la noche que llegó desde Bariloche. Se durmió teniendo 15 y se despierta teniendo 16, no siente el cambio, se sigue sintiendo cansada, cansada y sin ganas de hablar. Ahora piensa en las muecas de compromiso que tiene que hacer en su cumpleaños: "Gracias, me gustó, muy rico, etcétera." No es desagradecida, solo no podía dibujar una cara que no conocía. Todavía nadie en la casa la había saludado, seguramente la gente de las redes sociales ya lo habrán hecho, gente que no te conoce te felicita cuando ningún miembro de tu familia aún no lo ha hecho.

Se levanta en silencio para no despertar a su hermana, asoma su cabeza hacia la habitación de sus padres, todavía estaban dormidos, "Bien", piensa, le gusta estar sola y en especial este día. Pone la pava para servirse un café, mientras esto se realiza, trata de encontrar un pensamiento matutino a lo que sentía entre las migas de pan y la mermelada.

Fin.

viernes, 16 de agosto de 2013

Viernes 16 de Agosto

La tinta estaba fresca, se notaba por las manchas que tenía en sus manos, aún se podía retractar y dejar todo atrás, pero su decisión era firme. ¿Depresión? ¿Una vida injusta? ¿Un deseo infantil reprimido? No, simplemente estaba cansada, en la carta no decía de qué, no le gustaba hablar de ella. 

Se subió a una silla de madera, colgó una soga y se la ajustó al cuello, una idea dudosa acerca de lo que hacía se le cruzó por la mente pero terminó en un suspiro y en un cerrar ojos. Finalmente se dejó caer, pateo la silla y quedó colgada, su cuerpo se estaba retractando, ya había pensado en los pocos segundos que sufriría, pero después de todo eran solo segundos. Su cuerpo dejó el esfuerzo en vano que hacía, había perdido en la batalla entre la mente y el ser.

Por más de que la tinta en esa carta siguiera estando fresca, su pensar era firme, seco, simplemente descansar.

Fin.

Nicolas Pratto.

jueves, 1 de agosto de 2013

Jueves 1 de Agosto

Era un Jueves de invierno, muy parecido a este, hacía un poco más de frío, pero la llovizna era una actriz secundaria en la noche que salpicaba a los que estuvieran en la calle. La protagonista era Rocío de 28 años, estaba en su casa de la calle San Juan. Mirada frente al espejo, pensamientos en el más allá. No le gustaba lo que veía, su novio era golpeador, no tomaba y eso era peor, porque lo hacía concienzudamente y no bajo los efectos del alcohol y las drogas. Las marcas eran un testigo obvio, pero ya hace varias semanas que dejo de usar remeras manga corta, le deba vergüenza admitir su error, de que pese a las advertencias hubiera confiado en esa persona, "no es una persona (piensa), es una basura."

Pero hoy Jueves el espejo le devolvía lo que tanto ignoraba, sufría y aguantaba. Pensaba en cómo había llegado a eso, pero pronto se dio cuenta de que el pasado no iba a cambiar el presente, luego de dos copas de vino tinto se dispuso a pensar en el mañana, en la golpiza de mañana. "¿Denunciar? No." Hace cuatro meses una conocida suya que sufría la misma condición realizó la denuncia, ahora el se quedó con los chicos y la casa, mientras que ella vive con su madre y encuentra laburo.

La llovizna se retiraba como un extra de la escena, había conseguido un mejor papel a un par de cuadras. La ventana que daba a la calle se aclaró un poco, el frío continuaba pero soportable. Eran las 23:26hs, Rocío se puso su remera manga corto, se tocó los moretones que tenía, le daba impresión mientras lo hacía. Agarró su mochila y un sobre con plata de sus ahorros. Se tomó el colectivo que pasaba y media, mientras veía su casa desvanecerse por último, notó como también lo hacían sus heridas.

Fin,