-Yo no puedo creer lo que me estás diciendo, después de todo este tiempo de...
-Pero callate, si, te metí y te estoy metiendo los cuernos. Pero sabes qué, es tu culpa. Todo el día rompiendo las guindas con estar juntos, que no contribuyo a la relación y toda esa porquería que miras en la televisión.
-Y, por si no te enteraste somos una pareja, es obvio que tenemos que estar juntos, para alimentar la relación. Pero si vos te la pasas llegando tarde, discutiendo todo lo que te propongo, como el otro día que...
-Eso es típico de las mujeres, el sacar las cosas a la luz en plena discusión. Sabes qué, ya me hartaste, y te digo una cosa más, mientras estaba con ella, pensaba en vos y me importó un pedo.
Todo eso transcurría una recién empezada tarde de verano, el día estaba fresco y un chico llamado Fausto no salía a jugar a la plaza porque estaba resfriado por el cambio de clima. Romina, agarra las pocas cosas que se había traído para la casa de Mariano y se va, no llora, hace dos semanas que vio el mensaje de una tal "Carolina" que decía "¿Seguro que tu esposa no sospecha nada? No vengas todos los días acá, sino va empezar a dudar que seguís en el laburo, te amo." Cada vez que su marido se bañaba, ella revisaba el mismo mensaje, y practicaba su reacción frente al espejo cuando tuviera que hablar con el. La mayoría de las veces se notaba tranquila, otras veces tenía que decidir si llorar o seguir hablando entre sollozos.
Llega a su casa como todos los días, cansada física y sentimentalmente. Tira las cajas que llevaba y pone la pava para un té verde. Mientras la pava hierve ella mira fijamente a la nada, tratando de entender lo que pasó. Todavía no pensó en lo que había sucedido, se guió por instinto, depositó y compartió su expectativa de vida con un hombre que al final poco le importó lo que ella hacía. Siempre se decía "tendrá sus cosas, pero yo lo voy a poder moldear." Pero el barro terminó yéndose por sus dedos y dejando todo en un recuerdo que no se puede recortar con tijeras de plástico.
Mientras toma el té de a sorbos delicados, su garganta pareciera que se achica y sus ojos se iluminan de lágrimas. Empieza a llorar, pero no de tristeza, hace bastante que realizó su duelo privadamente, pero lo hace porque siente que es natural hacerlo y porque también lo precisa.
Entonces se levanta y toma un frasco que le había regalado Mariano para que guardara sus flores. Por raro que parezca empezó a guardar sus lágrimas, cada una danzaba por su rostro y finalizaba en el frasco, no se secaban, se acumulaban y tomaban un color poco usual.
Ya era tarde, Romina comió una naranja y la peló en forma de barquillo, dejó el repasador junto con las cáscaras en la pileta de la cocina, limpió el cuchillo y se fue a la cama tratando enganchar alguna serie de los 90's para dormir.
Al otro día se despierta escuchando la alarma de un auto, se dirige al baño, se produce y desayuna. Antes de irse a hacer las compras mira el florero que tiene, resultó que el jazmín que tenía ya se había marchitado, "pobre, no le di mucho Sol" pensó, tira la flor y deposita otra lágrima al frasco. Se lava la cara y sale de su casa.
Pasan los días y Romina sigue depositando su cuota diaria de lágrimas, casi está por llenar todo el frasco. Ya superó el mal momento, pero lo hace como un ejercicio para tranquilarse. Una mañana recibe un mensaje de Mariano: "Hola amor, me encantaría verte, te prometo que esta vez vamos a ser uno solo, quiero empezar una nueva vida, y que mejor junto a voz, me gustaría tomar algo con vos para hablar." Sabía que tarde o temprano le llegaría un mensaje de el, tardó un tiempo, pero fue seguro. Todo se estaba dando según sus planes.
Acordaron desayunar en la casa de ella. Era un viernes a la tarde, Fausto ya se había recuperado y podía jugar a la pelota, pero usaba una remera manga larga para no resfriarse de nuevo.
Mariano toca la puerta y pasa olvidando el por qué está allí y a qué vino a hablar, se sienta en el sillón como si estuviera por ver un partido. Ambos sonríen cuando se ven, el para ocultar un poco su manera de actuar, y ella para ocultar lo que pronto hará.
-Tengo nada más té para tomar. ¿Te importa amor? (Mientras dijo amor se le desvaneció la sonrisa y por un segundo le nació un gesto de repugnancia, pero el no se dio cuenta).
-No Ro, no me importa, el que venga está bien.
El saco de té se relaciona con el agua y tarda unos pocos minutos para ser uno. Romina llega con las dos tazas y dice:
-Ya está, acercate a la mesa para merendar que lo preparé como a vos te gusta.
-Buenísimo, tenía un hambre terrible, dejame ver el partido.
Ella sonríe y toma de a delicados sorbos para disimular su ansiedad. Mariano deja de tomar por un instante y dice:
-Tiene algo raro este té ¿No?
-Si lo que pasa es que lo compré en otro lado, es de otra marca.
-Ahhh, con razón...
La tarde se hizo noche. Fausto metió un gol de cabeza y se había raspado la rodilla. Mariano había disfrutado el té y Romina tira un frasco vacío a la basura.
Fin.
Nicolas Pratto.