martes, 23 de abril de 2013

Raviolones y algo más

¿Por qué los domingos matutinos son tan difíciles de empezar? Las sábanas pesan, la almohada se asemeja a una feta de jamón y el colchón cruje como una puerta oxidada. ¿Será el día o lo que tendré que hacer en el? Esa pregunta retumba con susurros en las paredes.

10:34am, me tengo que levantar. Luego de un baño incómodo a causa del agua fría, me visto con ropa vieja de los 90's que todavía me entra y decido desayunar aunque no acostumbre a hacerlo. Té verde con tostadas y queso untable. El té es perfecto, me despierta un poco, pero las tostadas...son de hace dos días y cada mordisco hace que el pan se impregne en mis dientes. Dejo la taza en la pileta juntos con las de ayer y me dirijo a mi habitación mientras me repaso los dientes con la lengua. Antes de salir me los lavaré.

Me visto apropiadamente y me pongo a pensar hace cuanto que no la veo. La última vez tenía 17 años, tomamos mates y le hablé de mi proyecto de publicar un libro y de vivir de la literatura. Ella me incentivaba, pero me dijo que tendría que pensar en un trabajo de verdad. Me enojé. El mal momento que venía acumulando recayó en una persona que solamente trataba de aconsejarme y se preocupaba por mi. Aún recuerdo el sonido del portazo.

Ahora tengo 31 años, soy escritor y periodista cultural. Tengo una vida acomodada, rodeada de amigos que se preocupan, de artistas y pseudo-artistas. Pero a veces el sonido del portazo se escucha cuando trato de dormir y me pongo a pensar.

Hace una semana mi hermana me mandó un mensaje:

"Hola Nico, ya sé que tu situación con ella es delicada por lo que pasó hace años, y también sé que no te gusta hablar de ello, pero es la abuela. Hoy a la mañana la acompañé al hospital, está grave y le queda poco tiempo. Quiere verte el domingo de la semana que viene para almorzar. Por lo menos pensalo. Ah, y felicitaciones por tu nuevo libro."

Antes de salir de casa releo el mensaje, como si quisiese que fuere de un número equivocado para no ir. Me tanteo las llaves y salgo a la calle. El rocío todavía no se ha secado y ensucia un poco mis zapatillas. Me distraigo para no pensar, solamente quiere evaporarme entre el rocío.

Estoy a una cuadra, tengo las manos tan apretadas como puedo en mis bolsillos. Pienso pasar la casa de largo, hacer una manzana y dar la vuelta retomando hacia mi casa. A una vida llena de preguntas susurrantes y de portazos nocturnos. Miro mi celular y veo que son las 12:16am, tenía que estar hace 16 minutos. Tomo aire y toco el timbre, miro las ventanas amarillentas, con un estilo de fachada a la antigua. Abre la puerta y la veo, luce más frágil de lo que me imaginaba y está llorando. Nunca había visto a una persona de edad avanzada llorar, ahora sé que me parte el alma verlo.

Me mira con sus ojos húmedos y me dice con una voz apagada:
-Pensé que no ibas a venir. Pero tenía esperanzas, porque siempre eras de llegar tarde. Vení, pasa que está fresco. Hice raviolones de jamón y queso, ¿Eran de los que te gustaban no?

Fin

24/4/13 (En algún lugar de Mar del Plata donde suena "Changes" de David Bowie en mi cabeza.)

martes, 16 de abril de 2013

Donde el mar es gris y los cachetes son rojos

Eran las 9:40, hace 10 minutos tendría que haber entrado al colegio, no sé por qué lo hice, pero lo necesitaba. Necesitaba desaparecer por un instante, caminar y ser alguien más en el asfalto.

No tenía rumbo, y me encantaba ese sentimiento, decidí tomarme el primer colectivo que venga y bajarme hasta finalizar su recorrido. Pasó el 551 y me subí. Es algo extraño subirse al colectivo de todos los días pero en el horario que no es el de uno, nuevas caras, nuevos chimentos para escuchar y una nueva perspectiva desde la ventana, una ciudad que renace a las 9:52am

"Una mujer vestida de marinera, me hace acordar a un tema de Glenn Miller."

Las paradas siguen, nuevas caras, los taxistas tomando mate, mucha gente paseando perros y los demás dirigiéndose a su trabajo ¿Y yo?  Era una persona que no le interesaba llegar a destino, simplemente disfrutar el viaje. A las 10:24 sumerge una obra con flequillo y labios rojos dispuesta a bajarse, lo hago con ella anhelando ser su curador. Camino yendo a la costa, miro algunas casas que dan al mar y veo a una mujer en corpiño sacando fotos, la cámara es de buena calidad, no sé mucho, pero era gigante, así que supongo que lo era. Yo estaba solo en un descampado caminando por un camino que crean los bicicleteros, me mira y dispara. Yo sonrió, pensaba en saludar, pero tenía mis manos en los bolsillos y estaba fresco para sacarlas, sonrío y sigo caminando. Pasan algunos minutos y me cruzo para ver el mar.

Nunca tuve una buena relación con el mar, nunca me gustó, demasiada gente, sol y arena son cosas que no me agradan para nada. Pero hoy estaba casi desierto, algunas personas andando en rollers o en bici, otras caminando o trotando (generalmente ancianos).

"El Jazz es más hermoso cuando se ve el mar, probar con Sara Vaughan...éxito."

Mientas camino escucho Jazz, siempre lo hago, pero esta vez es especial. Me vacío unas pastillitas de mentas con total voracidad, me las meto de a cinco, no termino una que me introduzco otra. El sabor a naranja-menta inunda mi nariz. En un instante mientras me pierdo en mis pensamientos un vagabundo me dice:

-¿Vos pibe no tenes que estar en la escuela?

Me paro, miro su rostro arrugado por inviernos pasados y respondo.

-Si, pero hoy quería aprender en un lugar donde las calificaciones poco importan, un lugar donde uno vive, reencarna y nace nuevamente. Y hoy este es mi lugar.

-Ahh vos sos de esos raros que andan con el arte todo el tiempo.

-No creo, para simplificar, decidí caminar y ver el mar en un horario donde generalmente hago otras cosas, le sacamos lo poético y queda eso.

-¿Te gusta escribir?

-Me encanta! Esta es una de las razones por la que estoy acá, para inspirarme.

-Bueno hijo, no te molesto más y te dejo seguir.

Me quedo pensando en como cambió de decirme "pibe" a "hijo".

-Dale, ¿Una menta?

-No gracias, ya tengo mi vinardo.

"Un Diógenes contemporáneo, me pregunto si ya le habrá llegado su Alejandro Magno."

Sigo con mi trayecto y me doy cuenta de que tengo el mar a pocos centímetros. Pienso tirarme con todo lo que tengo, yo y mi bolso. Es tan fácil, un salto y ya está. Pero me pongo a pensar en qué dirán los diarios de mañana al enterarse la noticia de un chico que se suicida.

Joven adicto a las pastillas de menta se suicida en el mar

Un joven de 17 años de edad se tiró al mar, nadie sabe por qué aún. Los testigos del hecho son una pareja de ancianos y una mujer que estaba sacando fotografías. Junto a sus pertenencias hay un cuadernillo en que se ven escritas frases sin sentido y algunos párrafos de libros que se presume que leía. Más adelante ampliaremos el caso.

Estarían toda la semana hablando del hecho, invitando a psicólogos a cualquier programa para que den un detalle de la adolescencia actual y habría miles de panelistas diciendo estupideces. No quiero que mi muerte sea una noticia ni que genere panelistas, ya tenemos bastante al pedo, no quiero más.

"Con un kilo de pan se lleva un panelista, con tres se lleva cinco."

Cuando termino de pensar veo a un par de ancianos jugando al tejo con un perro que perseguía las bochas. Me gustaría ser fotógrafo o tener una cámara para haber capturado esa imagen.

"Cuando sea viejo, quiero jugar al tejo, escuchar a Goyeneche por las mañanas y tener un perro llamado Polaco."

Ya son las 11:21, el tiempo se me había escapado como la arena que veía a unos metros. Me llaman al celular, el mundo me necesitaba, contesto:

-Dale, en un rato voy. ¿Qué vamos a comer? Que rico, bueno, en media hora estoy. Chau.

"Donde el mar es gris y los cachetes rojos"

Una de mis últimas anotaciones que hice antes de volver a la cotidianidad, por un momento desaparecí, viví algo que puede parecer insulso, pero me gustó haberlo vivido. Capaz, en otras circunstancias, vuelva a retomar esa parte de un martes a la mañana para hacerla mía todos los días.







sábado, 13 de abril de 2013

¿Cuándo dejaré de...?

¿Cuándo dejaré de mirar sus ojos para empezarle a hablar?
¿Cuándo dejaré de rozar mis codos sobre su camisa a cuadros para sentirla?
¿Cuándo dejaré de apretar los puños en mis bolsillos al verla pasar por los pasillos?
¿Cuándo dejaré de consolarla para serle una ocasión de alegría?
¿Cuándo dejaré de escribirle poemas para decirle personalmente que la amo?

¿Cuándo podré darle ese beso que tanto anhelamos pero que no sabemos como crearlo?

Nicolas Pratto escribiendo desde un ascensor (12/4/13).

Fin.