¿Por qué los domingos matutinos son tan difíciles de empezar? Las sábanas pesan, la almohada se asemeja a una feta de jamón y el colchón cruje como una puerta oxidada. ¿Será el día o lo que tendré que hacer en el? Esa pregunta retumba con susurros en las paredes.
10:34am, me tengo que levantar. Luego de un baño incómodo a causa del agua fría, me visto con ropa vieja de los 90's que todavía me entra y decido desayunar aunque no acostumbre a hacerlo. Té verde con tostadas y queso untable. El té es perfecto, me despierta un poco, pero las tostadas...son de hace dos días y cada mordisco hace que el pan se impregne en mis dientes. Dejo la taza en la pileta juntos con las de ayer y me dirijo a mi habitación mientras me repaso los dientes con la lengua. Antes de salir me los lavaré.
Me visto apropiadamente y me pongo a pensar hace cuanto que no la veo. La última vez tenía 17 años, tomamos mates y le hablé de mi proyecto de publicar un libro y de vivir de la literatura. Ella me incentivaba, pero me dijo que tendría que pensar en un trabajo de verdad. Me enojé. El mal momento que venía acumulando recayó en una persona que solamente trataba de aconsejarme y se preocupaba por mi. Aún recuerdo el sonido del portazo.
Ahora tengo 31 años, soy escritor y periodista cultural. Tengo una vida acomodada, rodeada de amigos que se preocupan, de artistas y pseudo-artistas. Pero a veces el sonido del portazo se escucha cuando trato de dormir y me pongo a pensar.
Hace una semana mi hermana me mandó un mensaje:
"Hola Nico, ya sé que tu situación con ella es delicada por lo que pasó hace años, y también sé que no te gusta hablar de ello, pero es la abuela. Hoy a la mañana la acompañé al hospital, está grave y le queda poco tiempo. Quiere verte el domingo de la semana que viene para almorzar. Por lo menos pensalo. Ah, y felicitaciones por tu nuevo libro."
Antes de salir de casa releo el mensaje, como si quisiese que fuere de un número equivocado para no ir. Me tanteo las llaves y salgo a la calle. El rocío todavía no se ha secado y ensucia un poco mis zapatillas. Me distraigo para no pensar, solamente quiere evaporarme entre el rocío.
Estoy a una cuadra, tengo las manos tan apretadas como puedo en mis bolsillos. Pienso pasar la casa de largo, hacer una manzana y dar la vuelta retomando hacia mi casa. A una vida llena de preguntas susurrantes y de portazos nocturnos. Miro mi celular y veo que son las 12:16am, tenía que estar hace 16 minutos. Tomo aire y toco el timbre, miro las ventanas amarillentas, con un estilo de fachada a la antigua. Abre la puerta y la veo, luce más frágil de lo que me imaginaba y está llorando. Nunca había visto a una persona de edad avanzada llorar, ahora sé que me parte el alma verlo.
Me mira con sus ojos húmedos y me dice con una voz apagada:
-Pensé que no ibas a venir. Pero tenía esperanzas, porque siempre eras de llegar tarde. Vení, pasa que está fresco. Hice raviolones de jamón y queso, ¿Eran de los que te gustaban no?
Fin
24/4/13 (En algún lugar de Mar del Plata donde suena "Changes" de David Bowie en mi cabeza.)
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