Damasco, 27 de Junio de 2022: El calor es agobiante y los experimentos registran normalidad en el suelo.
Nada del otro mundo, los componentes del suelo son los mismos que en Jersulalén, aquí en Damasco y en otros lugares de Arabia. He hablado con otros colegas y no hemos encontrado un factor que determine el por qué las cosechas no producen. Ni siquiera germinan. Tenemos la suficiente tecnología para cultivar en cualquier lugar del mundo, ya hemos acabado con la hambruna pero aquí en Arabia no responde el mismo efecto que en América o Europa. Ayer me llegó un mensaje de que en África está ocurriendo lo mismo. ¿La Tierra está cambiando y nosotros no lo notamos? ¿Nos creímos con el poder de los dioses cuando no lo tenemos?
Jihad estaba cansado, el calor era insoportable y el hotel en que estaba no le daba la calma que necesitaba para seguir estudiando sus hipótesis. De unos 31 años, alto, tranquilo, curioso y pacífico (todo lo contrario al significado de su nombre). Egresó en la Universidad del Cairo, en un principio quiso estudiar arqueología pero luego decidió edafología por influencia de un amigo y un proyecto de semillas alteradas que podían producir alimento sano sin ninguna dependencia climática.
Ahora estaba en un reto. Hace 2 años se habían escuchado rumores de que en varios lugares del mundo el método no funcionaba, era imposible, incluso en los glaciares se pudo cultivar granos y cereales. Al principio se envío semillas de alta calidad genética para que dieran efecto, pero los resultados fueron los mismos. La población del lugar afectado empezó a emigrar a países vecinos, pero se originaron varios conflictos religiosos entre musulmanes y judíos, algunas revueltas y por último el acato de la O.N.U de que los originarios del país se queden en su país. Que sean rehenes en su propia tierra. Esperando que los resultados sean positivos, al principio fueron aprendices a estudiar el terreno, luego Jihad, al ver que no surgía una solución, decidió estudiar por sí mismo el desafío.
Damasco, 28 de Junio de 2022: El pueblo vuelve a sus raíces.
Hoy decidí tomarme el día, conocer la cultura local y aislarme del problema por un tiempo. El calor sigue agobiante y decidí tomar un Kesehk, es refrescante y adecuado para estos días. Al mediodía almorcé una comida que me recomendó un amigo que ya había visitado Damasco, Ruz Dyay, una especie de arroz con pollo, aceptable, pero extraño la comida de mi natal Egipto. Luego, hacia la noche pude ver mucha gente pidiéndole a Alá que bendiga las cosechas o que les de maná como en épocas bíblicas. No soy un hombre de fé, pero asistí a algunas de sus ceremonias para conocer la cultura local. Lo último que puede perder un hombre es la esperanza en lo que cree, me pregunté cuál sería mi última esperezanza al no ser creyente. Con ese pensamiento me dormí.
Pasaron varios meses sin noticia ni cambio alguno, la situación social era muy tensa. El Gobierno sirio amenazaba con hacer cualquier cosa que tenga a su disposición para alimentar su pueblo, justificando que era una misión de Alá. Israel haría lo mismo en nombre de Jehová, mismo Dios, distinto nombre y una diferencia cultural que la sociedad sigue sufriendo. Las autoridades se impacientaban y acusaban a Jihad de ocultar información y favorecer a Occidente.
Jerusalen, 11 de Noviembre de 2022: No hay conclusión.
Ahora escribo desde la capital israelí, tuve que huir de Siria luego de tantas amenazas en mi contra, de atentar con mis investigaciones, interrogatorios y castigos fueron algunas razones. Piensan que solamente beneficio a Occidente. Estoy a salvo, por el momento, tengo que obtener una decisión inmediata sino tendré que volar a Zurich en busca de seguridad junto a mis colegas. Recibí una carta anónima, el papel era amarillento, viejo y la tinta no provenía de una lapicera, era de una pluma. Por un momento pensé que era un chiste de la policía local, pero ahora no tengo esperanza, es lo único a lo que me puedo aferrar. Solamente había un dibujo de una ruta de peregrinaje, comienzo a pensar de que si la ciencia me defendería en estos momentos ¿Hay lógica en lo que hago? ¿Me perderé en el desierto y moriré sin saber lo que preciso?
Un cuerpo casi desconocido fue encontrado en el desierto, entre sus pertenencias se encontró una carta y se supo que el hombre se llamaba Jihad, un edafólogo del Cairo.
Lugar desconocido, 23 de Noviembre de 2022: El factor que faltaba
Seguí la ruta como decía la carta, sin ningún artefacto tecnológico, caminar hasta adentrarme en el desierto y perderme en una tormenta de arena hasta encontrar una cueva con simbolismos. Logré llegar, los símbolos eran conocidos y desconocidos, algunos eran etruscos, otros mayas, egipcios, lo poco que recuerdo de mis libros de arqueología. Al final del lugar había una anciana, su cara era avejentada, pero se la veía saludable, puedo asegurar que mejor que yo. Me invita a sentarme en una roca para conversar:
-Puedo asegurar que eres egipcio por tus rasgos faciales, de cualquier modo habla y hablaré tu idioma para platicar.
-Soy egipcio, me llamo Jihad.
-Ahhh, el mundo podrá haber cambiado mucho, pero no sus habitantes.
-Disculpe señora: ¿Quién es usted?
-Soy solo una anciana con ganas de hablar.
-¿Usted me envió el mapa?
-El conocimiento llega cuando uno lo desea y es consciente de aceptarlo cuando se le presenta en la puerta.
-Entonces tiene la respuesta a mi problema.
-No sé cuál es tu problema. Pero como te dije anteriormente, el mundo puede cambiar pero no la gente, y la gente afecta al mundo por medio de sus sentimientos. Los problemas, por más distintos que sean se originan de la misma raíz.
-¿La codicia?
-Ahhh, que palabra curiosa para decir en estas tierras. El hombre y su codicia han transformado estos lugares desde las Cruzadas.
-Pero eso pasó hace siglos, el problema es que las semillas no surgen efecto y la tierra no produce nada.
-¿La Tierra? ¿Qué culpa tiene?
-No es la Tierra en general, son estos lugares, Damasco, Jerusalen y ahora parte de África. Gracias a nuestra tecnología podemos cultivar en cualquier lugar, menos en esos.
-Recuerda, el mundo puede cambiar en muchas cosas pero no en su funcionamiento, soy una persona muy anciana y doy prueba de ello. La muerte sigue siendo la misma, la naturaleza sigue siendo naturaleza y los cultivos siguen siendo los mismos. En vez de pensar en por qué la tierra no produce, debes pensar en por qué el hombre no produce y deja de cosechar malas semillas.
-¿Malas semillas?
-Durante siglos, estos lugares eran productivos, comíamos de lo que producíamos y vivíamos en armonía. Luego vino un hombre de otras tierras lejanas, nunca olvidaré sus ojos color cielo, quiso nuestras cosechas y artefactos de valor. Luego vinieron más hombres con más ambiciones que no podíamos satisfacerles, y empezaron las matanzas y muertes. El Hombre cultivó codicia, una semilla letal para el que la produce y come de ella. Deja la tierra sin fruto y estéril. Lo único que puede ser regado para que la codicia germine es la sangre de gente inocente.
Por fin pude entender que el problema no era científico, el problema era el error que tuvimos como humanos. Las Cruzadas, la Primavera Árabe de hace algunos años y tantas guerras que han azotado Arabia y África no solamente causaron un efecto en la sociedad, sino que ahora en la naturaleza.
La anciana seguía estando allí, agarraba la arena y veía como se desvanecía en sus manos avejentadas, la miro y le contesto:
-Ahora ya entiendo el factor que me faltaba. ¿Por qué no se me ocurrió antes?
-A veces el hombre en su afán de solucionar todos los problemas del mundo, no ve que él mismo es el problema, no solamente por lo que hace, sino por lo que han hecho sus vidas pasadas.
-¿Se puede revertir esta situación?
-No lo sé, no tengo conocimiento de estas cosas, aparte ahora no te puedes ir, la noche en el desierto trata mal a los que se aventuran por primera vez en ella.
En un parpadeo la anciana se había desvanecido igual que la arena con que jugaba. No puedo dar fe de que esta conversación fue real o no porque ahora no sé en que creer. Pero era lo que necesitaba,
escuchar, después de todo eso es la religión.
Jihad.
Nicolas Pratto.
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