sábado, 7 de abril de 2012

Libro de Manzanilla

La pava se enciende, el olor a gas inunda la cocina, no me doy cuenta, siempre fui de mal olfato. El olfato es algo que dejaría en mi vida, me privaría de muchos olores nauseabundos y de pocos olores agradables. El gusto es la esencia del ser humano, un beso desnuda al ser de al lado y uno ve su hipocresía o su luz del alma, el gusto puede darte el placer orgásmico como cuando uno en su momento de golosidad mete una cuchara grande dentro del pote de dulce de leche y saborea con cierta culpa por descuidar su figura, pero con las papilas gustativas en la gloria. La pava hierve, el vapor crece y pide a gritos que pare el fuego para que el agua no desparezca en la nada, lo apago con la perilla oxidada, el vapor desciende, pero su calor no y amenaza con quemarme. La taza de porcelana con figuras de un universo feliz y danzante tiñen de alegría el marco oscuro de mi fría casa, el cual las chapas no son un refugio para los asedios del viento y la lluvia que ríe al ver mi edificación. El saquito de té está de gala, con su saquito color marrón y su corbata color blanco , hace una semana que tengo el mismo té, todos los días tomo lo mismo, simplemente dejo secar el saco de té para conservar una de mis posesiones, mientras los ingredientes entablan sociales, busco mi posesión más apreciada...un libro que encontré entre la arena húmeda de una playa muy concurrente, su nombre es "Los Desangelados" de Geno Diaz, un libro que he leído cincuenta y cinco veces, es lo único que me permite viajar por mundos de policías y periodistas de la vieja guardia, todas las mañanas el mismo párrafo...

"Miñan me había dado la noticia. Fabiana estaba muerta. El cadáver había aparecido en un despoblado de Villa Domínico. Según el médico de la yuta le habían dado una paliza terrible antes de estrangularla con las propias pantys de la mujer, las medias anudadas al cuello y quemaduras de cigarrillos en todo el cuerpo,sobre todo en la parte púbica."

Es impresionante el modo en que desnuda la situación y logra introducir al lector en mundos policiales en que uno se siente feliz por no haber sido tirado en una zanja, y la alegría de no estar en ninguna malanfia.

El acto ha finalizado, los tres elementos ya son uno que conforman el té ,agarro de mi bolso un paquete de galletitas húmedas que por lo menos brindan sabor, el suave vapor que exhala la taza, humedece mis labios el cual los refriego con mi lengua por la ansiedad y la emoción del mismo sabor de todos los días. Las galletitas hacen lo suyo y confabulan junto al té un ataque de gustos. Mientras tanto sigo leyendo de un periodista que se metió en un kilombo por acompañar hasta la casa a "La Muñeca", me apasiona cada letra amarilla que el libro tiene, su olor es perfecto, es historia de ojos curiosos que consumen cada párrafo con anhelo.

El desayuno está finalizando, me como dos galletitas por querer , y me guardo cuatro en el bolsillo para comer mientras gano mi vida y no "la vida" ,lavo la taza con sumo cuidado, los dibujos en la porcelana de un mundo feliz se empañan de una lluvia temporal, el saquito de té lo dejo secándose junto con la taza. Finalmente guardo mi libro en mi almohada, para que nadie sepa que es lo que tengo y sus ojos curiosos no lean lo que no es suyo. Abro la puerta, el frío me abraza, las chapas bailan al son del invierno, agarro mi carrito para juntar cartón para venderlo por unas míseras monedas que me mantienen de pie, lo único que me incentiva a volver a mi lugar, es la alegría de estar tomando té junto a mi libro en paz y riqueza interior.

Fin.

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