Son las 21:34pm, hace prácticamente un día que no como, la cabeza me da vueltas, memorias, experiencias y demás confabulan para que siga en este estado totalmente insulso. Mi estómago me invita a comer algo, lo ignoro, hoy no quiero comer, quiero por un momento desaparecer, dormir aunque me acabo de despertar, que el tiempo se reproduzca en sueños para olvidar lo real.
Recuerdo que lo último que comí fue una taza de café con dos tostadas, el café estaba bien, le faltaba algo de azúcar, no le quise agregar más porque ya abusaba. Las tostadas estaban a medio tostar, de una textura fría y caída, pero servía para llenar el estómago. Lo importante no era el lugar, sino la persona que me acompañaba ¿Cómo se le dice a una persona que ama, que nuestro futuro no funcionaría? Que no puede ser un relación de...y chau, hasta la próxima vez, de que no haya charla seria de por medio. Es imposible decirle a esa persona que ves casi todos los días, que ha compartido momentos especiales, que uno ama, siente y sufre a la vez, que lo nuestro no funcionaría, aunque tenga razón, es algo que no puedo hacer. Finalmente, la miré a los ojos, sus ojos tan negros, ya vistos tantas veces, pero que su hermosura reencarna constantemente, su rostro, nuestros rostros de cansancio, me siento como si la relación se hubiera esfumado, dejando a dos personas que se miraban y creían en un futuro poco probable, y ella debió de haber sentido lo mismo. El cansancio de que no podíamos sentir más tal vez, de que usamos todo lo que teníamos y nos olvidamos de alimentar la llama de la relación.
Cuando se lo dije, empezó a llorar, no me importaba la poca gente que nos miraba y pensaba que era un espectáculo, como si fuera entretenimiento ver llorar a una mujer. Ella no quería entender, recordaba, me hacía recordar, trataba de esfumar lo que había dicho con momentos que protagonizaron otras personas, porque ya no eramos lo mismo de hace dos meses. Hace dos meses sentíamos, ahora recordamos lo que sentimos, esta relación nos había consumido gran parte de nuestra vida, de manera física y sentimental, ahora me siento muy cansado, como si los años hubieran pasado en esa hora en que estuve en el café.
Mis ojos no pudieron contenerse al ver que su rostro se humedecía, no quería dilatar más el asunto, es cuestión de no sufrir más, ella no entendía. Finalmente le dije: "Aunque no estemos juntos, yo voy estar con vos en todo momento, apoyándote en cada día, aconcejandote en cada momento que lo precises, no es que no nos vamos a ver nunca más, solamente que no en ese modo, cada uno tiene su norte querida, no llores más, vos sabes que te amo pero tenes que entender". Pasaron 7 minutos, el café de ambos se habían enfriado ya, no importaba, estábamos entre la nada y la eternidad, a una palabra, una lágrima del fin de lo nuestro y el comienzo de cada uno otra vez por separado.
Comprende, se seca las lágrimas, siguen escurriendo aún en sus mejillas, se deslizan, como si fuera un suavizante emocional. Nos miramos un poco más, como si en el rostro de cada uno estuviera el significado de cada uno. Pido la cuenta y pago, ella se queda sentada, mirando el sillón donde estuve, cuando pago ella me mira con cara de "te extraño", se levanta y camina conmigo a la salida. Ella va a la derecha y yo a la izquierda, en todo sentido de ahora en más. Nos saludamos con un dulce beso, como si pusiéramos un moño a una rosa que se ha marchitado, lo importante no ha sido la rosa, sino el moño que es el último acto.
Debo decir que parte de los dos venía muriendo, la cita en el café terminó por enterrar a esas dos personas que por un momento sintieron y luego recordaron. Ahora somos nuevas personas que tratamos de reconocernos a nosotros mismos constantemente.
Fin.
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