domingo, 3 de junio de 2012

Blue Train

Esta historia se me ocurrió cuando estaba cenando con la familia Bernasconi, yo estaba distante, pensativo y fascinado, nadie lo notaba porque por lo general en la mesa soy callado. Pero para mi no era algo normal mi estado, mi vista,mis pensamientos y mi completo ser estaban centrados en una pintura que tenían colgada en la pared: el marco es un departamento estilo parisano de la década de 1952, en ella una mujer mirando el bello día desde una ventana, y en un sillón.había un violín. Una imagen simple podría decir uno, no es la Gioconda, pero cada uno tiene su perspectiva de lo bello del arte, yo no escribiría sobre la Venus de Milo, La Gioconda o El David, sino sobre una simple pintura en que uno puede crear una historia que pronto redactaré.

Creo que la cena se me enfrió esa noche,no importa, es la primera vez que me enamoré de una obra de arte, eso satisface todo.
Posdata: El nombre de este cuento no tiene nada que ver,es el nombre de un tema de Jhon Coltrane, el cual me acompaña a escribir.
Nicolás Pratto.

Amanece en la ciudad, la suave lluvia y la humedad no tienen misericordia con su departamento. El olor a panadería la despierta como un beso suave tras la cortina, mira el techo y ve como los colores invasores destierran a los originales. Imagina que tiene cuadros famosos falsificados, y piensa en el esfuerzo de los falsificadores de hacer doble lo exacto. El artista crea mundos paralelos con su obra para entenderlo y expresarlo al mundo, el falsificador se adentra en este, no para entenderlo, sino para sacar fotografías del paisaje que lo rodea y realizarlo nuevamente.

Deja de pensar e imaginar en lo que no tiene, se levanta y se dirige al baño mientras se acomoda la lencería que lleva puesta. Se ve en el frío espejo cuando la vieja puerta del baño termina su agonía, se despeina más de lo que está para darle un sentimiento a esta mañana, se fija en el lunar que tiene en su cuello, trata de ocultarlo aunque sea atractivo a la vista.

Se viste con un pantalón asediado de tantas limpiezas y apunto de rasgarse, un suéter gris le nace de su figura, encuentra unas pantuflas de cuando la inocencia andaba descalza, le queda un poco chicas, pero no le importa. Por último un toque de innovación, agarra una chalina oscura y la usa de cinturón, no la precisa, pero le gusta y le queda bien.

Se dirige a la cocina, tostadas acompañadas de dulce de leche y manteca. El placer le hace perder la noción del tiempo, sin olvidar el café que tiene rastros de desayunos o meriendas anteriores. Su pecho se enciende al digerir, sus ojos se envician de lo cotidiano. Es feliz estando sentada en su departamento decrépito con olor a panadería y un buen desayuno. El silencio se adueña del marco, solamente se escucha el "clack" de la taza teniendo contacto con el plato de porcelana. Ahora llueve y la gente se adentra en sus casas para protegerse de lo natural e introducirse a lo virtual, ella limpia la taza con agua, guarda todo en perfecto estado y las migas las junta con el repasador para dárselos a las aves.

Luego de haber limpiado lo que ensució, se dirige a su ventana, pone su cara sobre ella, para sentir el frío en su rostro, hace figuras abstractas para que sus manos entren en contacto con lo natural, deja de hacerlo porque le agarra cierto escalofrío. Se levanta, se tira al piso boca abajo, empieza a llorar y a retorcerse de la tristeza, se arrastra hacia debajo de su cama, agarra su violín con tacto y cariño, se incorpora, empieza a sacarse su vestimenta suavemente, primero las medias, luego el suéter, y lo demás se le desprende por naturalidad.

Abre la ventana, el viento la abraza, la lluvia le acaricia todo su cuerpo, y el placer...el placer fluye, ejecuta su melodía por medio de la extensión de sus venas y de sus uñas.

Fin. 



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